Se nos hunde la casa… literalmente

Se nos hunde la casa… literalmente

(Decimoctavo día) Salida: Ringsted (Dinamarca) Llegada: Roskilde (Dinamarca) 2.920 kilómetros

Ringsted no es un pueblo muy prometedor, así que desayunamos con calma. El área de autocaravanas está relativamente cerca, así que hacemos un experimento y dejamos que nuestro hijo, el pequeño, intente ir en su propia bici hasta el centro. 500 metros y 30 minutos después llegamos al centro poco convencidos con el resultado. Aparcamos las bicis y paseamos por Ringsted. ¡Qué sorpresa!, resulta que el pueblo es mucho más chulo de lo que habíamos imaginado. Sólo son un par de calles y una plaza, es cierto, pero es todo bastante bonito y está muy bien cuidado.

Al mediodía compramos panes con queso y embutidos y nos los comemos en un parque. En cuanto terminamos nos subimos a la autocaravanase iniciamos el camino a Roskilde.

Aparcamos muy céntricos, cogemos las bicis y nos vamos directos a la Domkirke, que es la catedral de Roskilde, y ahí mismo visitamos la oficina de turismo. Nos dan un plano de la ciudad y otro con rutas en bicicleta, y nos quedamos en la oficina porque tiene un área dedicada a la creatividad y al trabajo en grupo. Hay varias mesas grandes con cientos de materiales, herramientas y rotuladores, pizarras, tizas y proyectores. Es como un parque de juegos para adultos y pasamos un buen rato.

Para pasar la noche no hemos encontrado ni parking gratis ni tampoco un área para autocaravanas, así que hacemos de tripas corazon y vamos a un parking de la afueras que es muy caro.

Llegamos, nos presentamos en recepción y nos vamos a la zona que nos han asignado. Al llegar nos sorprende ver que no hay ninguna autocaravana, aunque sí tiendas de campaña y caravanas. Además toda la zona verde tiene la hierba recién cortada, pero está amontonada y sin recoger.

Un poco decepcionados con lo que vemos conducimos hacia nuestra parcela y nada más entrar notamos que la autocaravana se hunde y no avanza más. Estamos atascados en un barrizal. Intentamos de todo empujando, metiendo palos debajo de las ruedas, pero nada. La situación se complica.

Con un cabreo de mil c… voy a la recepción dispuesto a exigir que vengan a ayudarme y a que me den el dinero de vuelta. Esto no es un camping, es un pantano. Como era de esperar la chica me dice que el de mantenimiento llega al día siguiente y que si quiero quejarme que hable con su jefe.

De vuelta a la autocaravana, mientras me sale humo por las orejas, un tipo con ganas de hablar me intercepta y me cuenta en inglés/danés que le gusta mucho España, la paella y olé. Lo que me faltaba. Pero viendo que el hombre está aburrido le cuento nuestra desdicha y se ofrece a empujar la autocaravana mientras intentamos desatascarla. Entre él y yo nos deslomamos un rato, pero no hay manera y cada vez nos hundimos más en el barrizal.

El hombre se marcha sin decir nada y a los cinco minutos aparece con cinco o seis tipos fornidos. Entre todos por fin conseguimos desatascar la autocaravana mientras los niños disfrutan del show que hemos montado. Les falta aplaudir.

Muy agradecidos repartimos cervezas a todos los colaboradores y nos despedimos. Mañana me oirán en recepción.



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