En el barrio hippie de Christiania

En el barrio hippie de Christiania

(Vigésimo día) Copenhague

Ayer no di detalles sobre nuestro paseo por el centro de Copenhage. El centro está diseñado para las bicicletas y apenas hay espacio para vehículos a motor. Hay zonas donde aparcar cuesta más de cuatro euros la hora y además durante las 24 horas del día. Así que buscando y buscando empezamos a alejarnos del centro y tuvimos la suerte caer en esta playa junto al Báltico y en una zona gratuita. La única pega ha sido el baño obligado por los niños después del desayuno porque hoy hace bueno y no podía librarme, pero ahora estamos todos contentos.

Nos vamos directos a Christiania, nuestra visita de hoy, el barrio hippie, uno de los pocos reductos del amor libre y la libertad, y por lo que vemos un lugar donde se puede comprar a la luz del día todo tipo de drogas blandas. Fotos no te dejan hacer, pero las transacciones son a la vista de todos.

Christiania, que está administrativamente separada de Copenhague, es uno de sus mayores atractivos turísticos y viven allí mil personas. No son dos casas con jardín, no. Es todo un barrio con sus calles, plazas e incluso un lago de agua salada del Báltico. La estética hippie es evidente, casas pintadas de colores, puestos de venta por todas partes, música en cada esquina… Fascinados entramos en un edificio y vemos que han construido una pista gigante para monopatines. Espectacular.

Total, que Christiania ha dado mucho de sí y nos ha consumido parte importante del día.

Antes de irnos nos comemos un par de pintxos deliciosos y unas cervezas en un bar en que la media de edad rondaría los 65 años, y después, en un restaurante buenísimo, pedimos un par de platos de humus, ensaladas y macarrones. Nos cuesta todo un precio ridículo en comparación con lo que vemos en el resto de Dinamarca. Cuando salimos de Christiania nos depide un cartel que dice: “You are now entering in the EU”. Nos encanta.

Ya en la Unión Europea buscamos una oficina de turismo por el centro de Copenhague. Nos dan un par de mapas, planeamos la ruta de mañana y después de un paseo largo en bici volvemos a la autocaravana.

La verdad es que estamos encantados: hospedados frente al mar gratuitamente. Eso sí: no tenemos las facilidades de un área de autocaravanas o de un camping. No disponemos de luz, aunque eso nos da igual, ni de agua, y se nos está terminando el depósito, así que no podemos fregar ni ducharnos. Esto sí que nos preocupa más. Así que optamos por una solución bastante cutre, lo reconozco: después de diez viajes a la ducha de la playa tenemos el depósito lleno. ¡Un problema menos!



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