Fantástica ciudad Utrecht, sobre todo sin motor

Fantástica ciudad Utrecht, sobre todo sin motor

(Vigesimocuarto y vigesimoquinto días) Trayecto: Rotenburg (Alemania)-Utrecht (Holanda)-Dottignies (Bélgica) 4.621,5 kilómetros

Seguimos sin podernos duchar con agua caliente y esta noche ha vuelto a llover, así que sospechamos que terminaremos con agua fría el viaje. Iniciamos la ruta a Utrecht y ahora, más que llover, diluvia. Aunque de repente, sorpresa. Cien kilómetros antes de llegar sale el sol más maravilloso (que da de pleno, por cierto, en la salida de gases de la autocaravana). Crucemos los dedos…

Utrecht es una sorpresa. Nos damos una vuelta en bici y nos encanta lo que vemos. Es domingo al atardecer y pese a todo las calles están hasta arriba y las terrazas no tienen un asiento libre. Canales, avenidas anchas y edificios estupendos nos llaman la atención. Y mientras cenamos en una terraza decidimos que deberíamos replantearnos el viaje, quedarnos más tiempo en Utrecht y dejar Gante para otra ocasión. Además del subidón que llevamos cuando volvemos a la autocaravana… ¡tenemos agua caliente otra vez!

Al día siguiente disfrutamos de esa sensación que dan los días de labor cuando uno está de vacaciones. Los camiones descargan, los comercios abren y cada cual con sus quehaceres mientras nosotros paseamos y hacemos de mirones.

Volvemos a disfrutar de las facilidades que da Holanda a los ciclistas y nos impresionan los aparcamientos para bicicletas que vemos por las esquinas. Impresionantes. Pero como todo, tiene su vuelta y enseguida la experimentamos.

Se estropea una de las bicis, la dejamos reparando (tienen que traer piezas y la cosa parece complicada) y alquilamos otra bicicleta mientras nos la reparan. Y decidimos que volveremos a la tienda a recuperar nuestra bici cuando ya estemos abandonando Utrecht. Pero ya en dirección de salida un par de momentos sin conexión con el GPS provocan que nos perdamos y que el navegador nos restriegue una y otra vez que si fuéramos en bici llegaríamos al taller en cinco minutos, pero que en coche son más de veinte y siempre con el peligro de volvernos a perder. Después de varias vueltas y cierta desesperación optamos por aparcar y hacerlo todo andando, que es lo mejor en estos casos.

Cuando logramos escapar de la ciudad tomamos el rumbo a Bélgica y decidimos parar en el área de un pueblito belga a pocos kilómetros de Francia.

Mañana volveremos a Château Renault. Los niños están locos pensando en la piscina…



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