Día VIII. Verona-Izola (1.744 KM) La costa eslovena y su modo de disfrute

Día VIII. Verona-Izola (1.744 KM) La costa eslovena y su modo de disfrute

Nos espera Eslovenia y nos levantamos bien temprano, a las 5.30 horas, con sueño e ilusión. Al paso por Trieste, la última localidad italiana del camino, se despiertan los niños. Justo para verse pasar la frontera.

Entrando en Eslovenia.

Una curiosidad de las autopistas eslovenas es que pagas una viñeta en vez de peajes. Nosotros compramos una para un mes y tomamos la dirección de Izola, en la costa, que será nuestra primera parada eslovena. Por cierto que la costa eslovena, como comprobaremos después, es muy pequeña pero está muy aprovechada.

Viñeta que pagas por un mes para circular por las autopistas eslovenas.

En Izola buscamos el área de autocaravanas y es chulísima y está a veinte metros de la playa. Consecuencia: está hasta arriba y hay movimiento de vehículos esperando aparcamiento. Demasiada tensión para empezar la jornada turística, aunque tenemos suerte y aprovechamos el hueco que nos dejan unos belgas antes de que una familia francesa lo ocupe (nosotros estábamos antes, que conste). Misión cumplida y empieza el disfrute.

Nos llama la atención que apenas hay arena. Más que ‘playa’, la costa está formada por un paseo donde la gente pone las toallas, las sombrillas e incluso las tiendas de campaña sobre el asfalto. El ambiente es exactamente igual, sólo que al mar llegas bajando por unas escaleras y nos resulta llamativo. También choca que para ser tan temprano el sol casque tanto.

La costa eslovena, en Izola, es un paseo donde no falta nadie.

Allá donde fueres… Así que nos subimos al carro y nos organizamos el picnic sobre el asfalto y después de un buen baño nos vamos porque el calor es tremendo. No se puede aguantar.

Izola está a 800 metros de la autocaravana y nos encontramos un pueblo pequeñito, coqueto, con buen ambiente y callejuelas muy chulas. Todo el pueblo huele a pescado. A pescado fresco y rico que están haciendo y nos entra un hambre…

No tenemos claro cómo serán los precios y empezamos a buscar dónde introducirnos en la gastronomía local. En el puerto había varios restaurantes pero estaban al sol o completos, así que nos retiramos y damos con un local que tiene buena pinta.

Parrillada bien buena para cuatro por 21 euros, mejor imposible. Ya vemos que los precios, en principio, van a jugar a nuestro favor. Pedimos una pivo, así llaman a la cerveza en Eslovenia, y a disfrutar del ambiente.

 



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