Día X. Izola-Postojna (1.860 KM) Un mundo maravilloso en la penumbra

Día X. Izola-Postojna (1.860 KM) Un mundo maravilloso en la penumbra

Estamos emocionados. Hoy nos espera uno de los platos más fuertes de este viaje: las cuevas de Postojna. Y es que toda Eslovenia tiene mucho interés para los geólogos. De hecho el origen de la palabra cárstico o kárstico («formación caliza producida por la acción erosiva o disolvente del agua») proviene de la región italo-eslovena de Carso/Kras. Ahí queda eso.

Pese a todo no podemos negar a los niños otro baño en la costa antes de partir. La colchoneta que compramos al llegar ha sido la inversión más rentabilizada por ahora.

Nos documentamos por internet y vemos que las entradas a la cueva y al castillo de Predjama (que visitaremos mañana) son 27,50 euros por persona y el mayor de los niños ya paga (tiene siete años). Es mucha pasta. Tendremos que apretarnos el cinturón a partir de ahora y hacer más comidas y cenas en la autocaravana, pero esta visita hay que hacerla.

Llegamos al enclave de las cuevas, el parque de Postojna. Hay una zona para autocaravanas, pero realmente no la necesitamos. Ya vamos cargados de agua. Aparcamos en la zona de aparcamiento común.

Hay visitas cada media hora para visitar la cueva y nos apuntamos a las 16 horas para poder comer con calma. Estamos a 33 grados en el exterior, pero estamos advertidos de que tenemos que abrigarnos bien porque dentro de las cuevas la temperatura es de 9 grados. Así que ya abrigados el breve paso de la autocaravana a la gruta es un poco infernal.

Como no sabemos bien de qué va esto llevamos el cochecito del bebé y varias cosas que tenemos que dejar al inicio porque el comienzo del trayecto se hace en un pequeño tren. Comenzamos a circular y de repente entramos en otro mundo que nos impresiona realmente. Y eso que ya habíamos leído maravillas.

Nos encontramos unas galerías iluminadas increíbles, inimaginables. Lástima la luz escasa para las fotos porque con nuestra cámara no vamos a hacer justicia a este sitio.

El resto del camino es a pie y de galerías gigantescas pasamos a  pasillitos muy estrechos. Bajamos a 60 metros de profundidad.

Nos acompaña un guía que habla en inglés. El frío es inhumano. Nos cuentan que en algunas zonas de la cueva hay buena acústica y han organizado algún concierto. Debe de ser una pasada. También que las cuevas fueron descubiertas en 1818 pero prácticamente se mantuvieron inaccesibles cien años más. A día de hoy son el mayor atractivo turístico de Eslovenia.

Salimos los cuatro encantados. Y para colmo, ya muy cerca de la salida, nos encontramos con un acuario con el único ser vivo que habita en esta cueva: una lagartija de 30 centímetros que, casualidad, los chavales tienen en un libro y se acuerdan perfectamente. Se llama Proteus anguinus y es albina y ciega.

Salimos helados y felices. Menudo destemple. Se quedan todos en la autocaravana y yo me doy una vuelta hasta un pueblo que hay a un kilómetro. Pequeñito, con las casas muy cuidadas. Mucha madera, verde y tranquilidad.

Cenamos estupendamente con un vino blanco italiano que nos habíamos comprado estos días. Un señor que llega en autocaravana nos pregunta por el precio de la entrada a las cuevas y se queda un tanto tocado. Le decimos que nos pasó lo mismo pero realmente merece la pena.

El día termina con un tormentón tremendo, por cómo se escuchan parece que los rayos caen muy cerca.

Mañana nos espera el castillo de Predjama.



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