Día XIII. Ljubljana. Avatares de una familia viajera con tres niños…

Día XIII. Ljubljana. Avatares de una familia viajera con tres niños…

Hoy, sí, subimos al castillo de Ljubljana. Una gran fortaleza que, como ya dije, se ve desde todos los puntos de la ciudad.

Vamos hasta el centro en bici, preguntamos, y nos dicen que aunque el terreno es pedregoso se puede subir a pie con los niños. Lo cierto es que sólo tardamos un cuarto de hora, aunque el cochecito del bebé, que realmente es el remolque donde lo trasladamos en la bici, nos complica bastante el paseo. Otra opción para subir es el funicular.

Aquello está lleno de turistas, bares, incluso hay dos cajeros automáticos. No nos gusta el ambiente, está todo preparado para los visitantes. Además, sinceramente, la fortaleza impresiona más desde abajo. Nos damos unas vueltas y decidimos bajar e ir a comer al mercado.

Este ambiente nos gusta más. Buscamos una mesa a la sombra y nos sentamos. Pedimos ‘burek’, que después leo que es un plato típico de los Balcanes. Es una especie de torta hojaldrada rellena, en este caso, de carne. Nos la ofrecen con y sin queso. Muy buena, la verdad. El mercado también es chulo con su fruta, sus flores… y está todo muy bien de precio.

Aquí y sin preverlo empiezan a torcerse las cosas. El mediano, que tiene cinco años, nos dice que le duele una pierna y vemos que tiene un gemelo un poco hinchado y duro.

Creo que no he comentado que cuando estuvimos en el Parque Natural Regional de la Narbonesa nos acribillaron los mosquitos. A partir de ahí estos días han sido una lucha con los chavales, que se rascan todo el tiempo y se quitan las postillas. No hay duda de que al niño se le ha infectado una picadura.

Vamos a una farmacia y nos remiten a una clínica de urgencias. El pediatra lo mira bien y nos manda al médico ‘infectólogo’. Lo llevamos. Comprueban con detalle las vacunas que tiene puestas (nos tratan muy bien y nos dan muchas explicaciones) y finalmente nos dan una receta para comprar un antibiótico. Además nos aconsejan que el niño tenga reposo.

Total, que entre una cosa y otra se nos ha pasado la tarde. Son más de las 21 y empieza la odisea de encontrar una farmacia de guardia para darle hoy mismo el antibiótico. Nos cuesta. Y mucho. Damos dos vueltas por Ljubljana hasta dar con una farmacia que además tiene bastante cola.

Para mal de males… cuando por fin estamos todos en la autocaravana, con la cena a punto, el antibiótico listo, los niños tranquilos… descubrimos que en algún punto de la jornada hemos perdido el biberón del bebé.

Damos unas cuantas vueltas a la situación y lo resolvemos gracias a una tetina que teníamos de recambio y una botella de agua mineral. A grandes males, grandes soluciones. Ni McGiver lo haría mejor.

 



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