Días XIV y XV. La Ljubljana más verde y los tesoros de sus alrededores

Las temperaturas son tremendas en la capital eslovena. No baja el termómetro de 30 grados. Así que nos tomamos el día con tranquilidad, así reposamos todos, no sólo el niño, y por la tarde, cuando empieza a poderse respirar, nos vamos a Tivoli, un parque espectacular que es transitable con bicis.

Buscando sombras nos encontramos un parquecito con castillos hinchables, una especie de txikipark al aire libre. Y aquí nos plantamos. También hay restaurantes y bares con terrazas muy cuidadas. Vemos atardecer aliviados y los niños se entretienen.

Un poco más tarde, para cenar, buscamos un restaurante por el que hemos pasado antes y que nos ha llamado la atención. Ofrecen comida turco otomana. Los precios de la carta son razonables y decidimos quedarnos en la terraza.

Patatas asadas con salsa de yogur y especias, arroz, carne a la espada y pechugas marinadas a la brasa. La mejor cena hasta ahora. Un gran banquete con una cuenta total de 31 euros. Increíble. El restaurante se llama Safran y la verdad es que es muy recomendable. Todo está cuidado al mínimo detalle.

Al día siguiente no queremos irnos lejos porque el niño tiene que volver al médico. Así que nos fijamos en los pueblos de alrededor. Kranj es la cuarta ciudad de Eslovenia y leemos que el casco antiguo es impresionante. Nos queda muy cerca y ahí vamos.

Sinceramente nos defrauda. El casco antiguo está formado por dos calles largas bonitas con el suelo empedrado que son peatonales, pero nada fuera de lo común. No lo recomendamos.

Sí es verdad que tiene edificios del comunismo que llaman la atención y unas esculturas de bronce de esa misma época muy fieles a la iconografía del momento, muy ostentosas. En ese sentido nos ha gustado. Pero nada más.

 

Cerquita, a 5 minutos, está Bobovek, con un lago muy conocido por sus aguas curativas. Nos ponemos en camino y entramos en la Eslovenia rural: campos de maíz inmensos entre pueblos, bosques, comercios de herramientas agrícolas, granjas con animales… el paisaje nos encanta.

Vamos al lago y nos damos unos  buenos baños. Hay muchas familias por aquí organizando picnics y el ambiente es muy interesante.

Aún después de eso nos acercamos a otro pueblo cercano, Skofja Loka. Muy pequeñito y conocido sobre todo por el casco antiguo. De verdad que nos enamoramos del paisaje. Es increíble, una pasada. El pueblo está encuadrado en un valle rodeado de montañas rocosas.

Encontramos un área de autocaravanas que nos gusta y además no nos cobran porque es fin de semana. Skofja Loka es un pueblo muy medieval, en cuesta, con un monasterio arriba. Una curiosidad: en el escudo del pueblo hay un negro con un arco y unas flechas. Según la leyenda el Obispo Abraham viajaba cuando fue atacado por un oso y quien le salvó con su buena puntería fue este negro, que quedó inmortalizado para siempre en el escudo.

Damos unos paseos muy a gusto y terminamos la jornada en un bar dedicado a los grandes del rock como Jimmy Hendrix. Con mural y todo.

El balance, perfecto. Han sido pocos kilómetros pero muy aprovechados.



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