Día XXIII. Griffen-Viena (2.980 KM) Compañeros de viaje que reaparecen… y se van

Día XXIII. Griffen-Viena (2.980 KM) Compañeros de viaje que reaparecen… y se van

Nos levantamos en Griffen a las 5, atamos a los chavales tal y como están ya ubicados, y salimos. Cumplo mi promesa y busco al gato antes de partir, pero no está.

En cuatro horas estamos en Viena y nos dirigimos a un área de autocaravanas que es una gozada, en el centro, y que cobran 22 euros por noche.

Y cuando estoy hablando con los críos sobre si habrá o no habrá sitio… de la zona delantera de la autocaravana salta el gatito del monasterio y se pone a andar por el área donde estamos parados. Nos quedamos alucinados. Sin palabras. Felices. Ha viajado no sabemos cómo 350 kilómetros con nosotros. Decidido: éste se viene con nosotros.

El área de autocaravanas está llena. Nos vamos a un camping. Sacamos las bicis, le ponemos platitos con comida y bebida a nuestro nuevo amigo y nos vamos al centro de Viena.

En Viena resulta complicado ir con las tres bicis y el remolque. ¡Somos cinco personas!, y supone mucho esfuerzo. En algunos momentos tenemos que subir al metro y ocupamos mucho espacio. El trayecto es caótico.

En realidad hemos venido a Viena por vinculaciones personales. Es una ciudad donde ya vivimos hace un tiempo y queremos visitar a una amiga. Así que vamos a tiro fijo y logramos llegar al Naschmarkt, el enorme mercado de Viena que data del siglo XVI.

Es una maravilla. Hay todo tipo de comida, frutas, carne… y en su momento era el único punto de Viena donde se podía comprar pescado fresco. Ahora no sé si seguirá siendo así. Nos quedamos a comer por aquí.

Nos reunimos con la amiga que hemos venido a visitar, Anita, y con ella subimos al Kahlenberg, una montaña con unas vistas increíbles de toda la ciudad.

Habíamos pensado en subir andando, pero lo cierto es que hace mucho calor. Así que cogemos el autobús.

La ladera está llena de viñedos, aquí se produce vino blanco. Decidimos que luego iremos a comer a un Heuriger, que es el local típico de Viena y donde se puede tomar ese vino.

Bajaremos andando, eso sí. Y lo hacemos caminando entre viñedos.

Los Heuriger están cerrados. Son muy familiares y ven que si no hay gente, cierran. Así que cenamos en un local de Nussdorf, en un restaurante típico austriaco. Y cenamos muy bien. Cómo no: cae un Schnitzel típicamente vienés, parecido a nuestro escalope o a la milanesa argentina, aunque con harina y también con pan rallado. Está buenísimo y es el plato típico de Viena.

Llueve. Dejamos las bicis en el centro y llegamos al camping lloviendo. Y no encontramos el gato. Nos empezamos a preocupar.



2 pensamientos sobre “Día XXIII. Griffen-Viena (2.980 KM) Compañeros de viaje que reaparecen… y se van”

  • Buenas! En Viena en general nos sentimos bastante mal tratados al mencionar que éramos españoles. Pero excepcionalmente mal en el mercado de las Pulgas que mencionas. En un puesto concretamente, nos retiraron la mirada y no quisieron ni vender. Una mala sorpresa en Viena, supongo que no vivisteis nunca algo parecido ya que dices que viviste allí…
    Un saludo.

    • Lamentablemente creo que en todos los países podemos encontrar a gente que trate mal a los extranjeros. Especialmente si vienen de países ‘inferiores’. Sin embargo Viena no nos parece especialmente xenófoba, la verdad. Históricamente es lugar de mezcla y puerta a la antigua Europa del Este. Siempre ha tenido inmigración y ha sido una ciudad muy próspera. Lástima que vivierais esa experiencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *