Día XXIV. Viena. Belleza imperial y multa en una jornada complicada

Día XXIV. Viena. Belleza imperial y multa en una jornada complicada

El gato ya no vuelve a aparecer. Y aunque nos había advertido un veterinario de que podía ser un problema en las fronteras, el disgusto es morrocotudo. Como el camping está junto a una zona boscosa explicamos a los niños que seguirá feliz viviendo en libertad. Pero remontar este momento no va a ser nada fácil.

Antes del mediodía dejamos el camping y nos vamos a una zona gratuita que está a las afueras de Viena. Una elección meramente económica porque tenemos las bicis en el centro. Qué le vamos a hacer. El día no ha empezado bien y la tónica va a ser ésta. Ya veréis por qué. Por  ahora queremos ir a la Catedral de San Esteban que es uno de esos puntos que siempre merece ser visitado denuevo.

Para acercarnos al centro cogemos el autobús, luego el metro. El día que llegamos, la señora a la que compré los tickets no tenía de 48 horas y compramos de sólo 24 horas. Sabemos que tenemos que comprar otro ticket y lo haremos en el centro. En Viena hay muy pocos inspectores en el metro y ya sería raro que nos tocara. Pues bien, en un transbordo nos encontramos un control propio de una guerra bacteriológica. Nos piden el ticket y comienza la negociación. Nos creen más o menos y si vamos ya al cajero nos dejan la multa en en… 105 eurazos. Y dando las gracias. Ya sé que suena a excusa… pero la verdad es que nunca viajamos sin ticket. Se lo contamos a nuestra amiga Anita y dice que en todos los años que lleva aquí habrá visto pocos controles.

La multa vienesa.

Para coronar la mañana llegamos (con esfuerzo) a donde están las bicis y nos damos cuenta, entonces, de que nos falta la llave de un candado. Menudo día…

Se nos ocurre ir a una tienda de bicis ahí cerca y sale bien. Sale un tío con un cortafríos y en un segundo rompe el candado. Nos cobra algo muy razonable y le compramos un candado. Todos ganamos.

Más tranquilos recorremos los edificios imperiales imponentes, la zona del Ring, los museos, el palacio de Sissi y Francisco José (Palacio de Hofburg)… es todo una preciosidad. Alucinante.

Luego nos vamos al Museumsquartier, que con 60.000 metros cuadrados es el octavo complejo cultural más grande del mundo. Además de muestras culturales hay terrazas, juegos para niños… incluso una cama elástica con césped artificial que a los chavales les encanta.

Allí mismo encontramos un buen sitio para cenar, muy agradable. La vuelta será complicada porque dos niños se nos han dormido cenando. Menos mal que aquí en Viena tenemos ayuda.

Nos despedimos con una imagen del canal del Danubio ya de noche… maravilloso.



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