Día XXV. Parque Nacional de Őrség (3.217 KM, Hungría). El paraíso si no quieres sentirte turista

Día XXV. Parque Nacional de Őrség (3.217 KM, Hungría). El paraíso si no quieres sentirte turista

Deberíamos llegar en dos horas y cuarto a Hungría, pero nos liamos y tardamos casi cuatro horas. En fin. Los chavales desesperados, aunque hemos logrado arreglar el ordenador y entre película y película el viaje se les  hace más ameno.

Nuestro destino es el Parque Nacional de Őrség, que tiene un lago bastante conocido: Vadása-tó. El sitio es muy chulo. La zona es muy tranquila y alrededor del lago hay algunas casitas. Apenas hay turismo y sí encontramos algún establecimiento pero están cerrados. O es la época o es el lugar, pero aquí no hay prácticamente nadie. El sitio es maravilloso.

Encontramos un lugar abierto. Probamos en alemán e inglés pero no nos entendemos. El idioma es clave en esto del turismo y constatamos que no están acostumbrados a que caiga mucha gente de fuera.

Al final llaman a la chica más joven de la familia, que sí sabe algo de inglés. Le pedimos una cerveza y le preguntamos si podemos venir a cenar a las 21 o es muy tarde. Nos dice que no habrá problema.

Volviendo al idioma: hay un traductor de google que es un chollo. Se enfoca un cartel y lo traduce con la misma grafía. Sin embargo… vemos que se lía con el húngaro. Alguien pide un pescado, lo buscamos en la carta, ponemos el traductor y dice que el plato se llama ‘vírgenes calientes’. No nos cierra demasiado.

En todo caso, cuando volvemos a las 21 horas, está cerrado y la joven nos dice que pensaba que hablábamos del desayuno del día siguiente. A las 9. No pasa nada, ya sabemos a dónde tenemos que venir a desayunar.

Encontramos otro local y cenamos los cuatro por un precio irrisorio, no sé si llegaba a los diez euros. Madre mía. Y probamos el pan de rosca húngaro, que está buenísimo.

Un apunte para los amantes de la música: está Bela Bartok (el músico húngaro más reconocido) por todas partes. Hay una radio que sólo sintoniza su música, por ejemplo. Hemos pasado por alguna calle que lleva su  nombre. Hay furor.

Y una anécdota que nos da la medida de dónde estamos. Ya de noche encontramos a un señor que habla alemán y es muy majo, la verdad. Tiene un local. Le preguntamos, visto el lago, a dónde nos recomienda ir mañana. Y se queda ojiplático… debe de ser la primera vez en su vida que le hacen la pregunta. No se le ocurre nada. Y efectivamente nos dice que vienen pocos viajeros.

Explotación turística nula en un lugar precioso y con unos precios increíbles. Aquí no somos turistas y nos gusta.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *