por Aitor Ventureira
Ilustración: Santiago Farizano
17 Oct.17

Las Gobas de Laño. El misterio de los eremitas

La Capadocia, es una región turca, localizada en la Anatolia Central, que se caracteriza por sus curiosas formaciones rocosas, utilizadas como habitáculos a lo largo de la historia. Nosotros también tenemos nuestra pequeña Capadocia, chiquita, acogedora, humilde, pero guardiana de un hermoso tesoro, esperando a quien se acerque a ella con la mente y el corazón abiertos.

En varias localidades repartidas por tierras de la montaña alavesa y del Condado de Treviño, encontramos extrañas cuevas artificiales excavadas en la roca, una de estas localidades es Laño, objetivo de nuestro paseo.

Descubramos este bello lugar, cargado de historia y de historias, de misterios y magia, y por supuesto, de mitología. Para ello, un paseo sin apenas desniveles, nos dará la oportunidad de imbuirnos en su energía antigua, y como colofón a la ruta, nos espera un magnético bosque de hayas donde dejarnos acariciar por la hojarasca.

Pero, ¿cual era la finalidad, el porque de estas cuevas rupestres?, ¿Quiénes fueron sus constructores?, ¿Qué les llevó a excavarlas en estos lugares apartados?. Muchas preguntas que responder y descubrir mientras caminamos con calma, comencemos.

Para iniciar nuestra ruta, debemos llegar a la plaza de la chiquita localidad de Laño, atravesando un pequeño desfiladero, donde se ubican las cuevas. Una vez aparcado nuestro vehículo, comenzamos a caminar siguiendo las señales del sendero de gran recorrido “GR-38, la ruta del vino y del pescado”, que coincide, en parte, con nuestro sendero. Nada más comenzar el paseo, nos envuelve una sensación mágica, una sensación que nos hace ser conscientes de encontrarnos en un lugar mágico, especial, telúrico y lleno de fuerza, bellos bosques nos rodean, y allá cerrando el paisaje el desfiladero hacia el que nos dirigimos. Caminamos unos metros por el asfalto que nos ha traído hasta aquí, hasta que vemos unas señales indicando “Las Gobas”, un corto trayecto nos lleva a otro desvío donde abandonamos el GR, y tras subir unos escalones, nos hallamos totalmente inmersos en la profunda magia de Las Gobas. En el caso de Laño, las cuevas, pues de ahí parece que deriva sus nombre, goba es cueva en euskera, se dividen en dos sectores, el primero, este en el que nos encontramos, se denomina “Las Gobas”, propiamente dicho, y consta de 13 cuevas excavadas. Frente a nosotros, al otro lado del desfiladero, se localiza el sector llamado “Santorkaria”, que tiene 18 cuevas excavadas.

Volamos hasta los confines de la Alta Edad Media, allá cuando acaba de caer el Imperio Romano, sobre el siglo V. En aquella época, surge la figura de Prisciliano, un obispo de origen hispano, que propugna el eremitismo. Esto es una corriente ascética, en la que sus seguidores se retiran a lugares apartados, para llevar una vida de penitencia y oración. Prisciliano rechazaba la unión de la iglesia con el estado imperial, siendo, además, el primer hereje al que un tribunal eclesiástico ajustició.

Pues bien, parece ser, que monjes seguidores de esta corriente excavaron estas cuevas en la roca, y formaron un autentico poblado, en el que pretendían alcanzar la perfección cristiana. Las gobas, se utilizaron como casas, en algunas de ellas, incluso se tallaron camas, o asientos, otros habitáculos se destinaron a iglesia, algunas incluso tienen planta basilical, altares tallados, bóvedas, arcos y ábsides. Una autentica obra de ingeniería que, aun hoy, sorprende profundamente, tanto por su factura como por los motivos profundamente íntimos que llevaron a estas gentes a retirarse a este lugar.

Ya en el siglo IX y principio del X, el poblado se trasladó a la actual ubicación de Laño, momento en que las cuevas se comenzaron a utilizar como lugar de enterramiento, creando una autentica necrópolis. Podemos ver en su interior diferentes nichos antropomorfos, rectangulares y trapezoidales excavados en la roca. Pasado el tiempo y

ya en el siglo XVI, el lugar fue perdiendo su carácter sagrado, y se comenzó a utilizar las gobas como cerramientos para guardar el ganado. De esta forma hasta nuestros días en los que tenemos la oportunidad de disfrutar de la fuerza ancestral de las cuevas, con máximo respeto que merecen, que no siempre se aprecia, a juzgar por las indeseables pintadas en sus paredes.

Nos vamos perdiendo por entre los mil y un recovecos y rinconcitos de las cuevas, entrando por aquí y por allá, y de esta forma, llegamos a una cueva, un poco más separada, denominada como la “Cueva de la doctora”. Nuestras viejas leyendas cuentan que en esta goba, vivió la última de los jentiles, esa raza de gigantes, habitantes de las montañas, y constructores de diferentes monumentos megalíticos, que desaparecieron con la legada del Cristianismo. Otras leyendas nos dicen que su moradora fue una curandera, lo que más llama la atención, es que sea una jentil de genero femenino, ya que suelen aparecer en contadas ocasiones, en las leyendas vascas. Otro pequeño misterio que añadir a este arcaico lugar.

Retomamos el sendero balizado con las señales de GR, y atravesamos bellos campos de cultivo, propios de esta tierra. Hasta llegar a un cruce de pistas, en el que tomamos hacia nuestra derecha buscando la carretera que lleva a Laño. Caminamos un breve tramo por asfalto, hasta dar con una señal que marca el siguiente sector, “Santorkaria”, al que accedemos por una estrecha y breve senda. Merece la pena dejarse llevar por las gobas, siempre con el máximo respeto, es un placer entrar en los habitáculos, pasear por aquí y por allá, vagabundear por su esencia, dejar que el tiempo pase sin prisa, disfrutando de este entorno mágico.

Para terminar nuestra ruta debemos tomar unas marcas verdes y blancas que nos llevan a un precioso encinar, árbol sagrado para los celtas, y llegar hasta el collado del Pericón. Aquí giramos a nuestra derecha por un pinar que nos lleva a la carretera. Enseguida, una pista en descenso, nos deja en otra de las sorpresas de la ruta, un abrumador hayedo. Es el perfecto colofón de nuestro caminar, dejar que la hojarasca acaricie nuestras viejas y gastadas botas, dejarnos envolver por la magia del bosque, con el alma en calma y en paz llegaremos a Laño.

Te invito, amigo lector, a que te acerques a este bucólico rinconcito, a que dejes embaucar por la magia de las gobas, por su historia, por su esencia, y por las historias de aquellos que eligieron este rincón para vivir. Te invito a que en cada paso sientas su leyenda vieja como el tiempo, sientas sus misterios, en definitiva a que te dejes conquistar por Las Gobas.