por Aitor Ventureira
Ilustración: Lola Gómez Redondo
28 Nov.17

Erroldan Arriya. Misterio en lo más profundo de Aralar

Sansón y Roldán, son dos sobrecogedores gigantes de nuestra vieja mitología, pero también son dos personajes con un profundo poso histórico. Roldán, sobrino del emperador Carlomagno, fue muerto por los vascones en la conocida batalla de Roncesvalles, es así mismo, el protagonista de una de las obras cumbre de la literatura francesa, “La Chanson de Roland”. Por su parte, Sansón, fue un juez del Antiguo Testamento. Lo sucedido en la tradición vasca con estas dos figuras, fue que, el acervo cultural del pueblo vasco, los asimiló convirtiéndolos en leyenda, es decir se transformó a unos elementos históricos en figuras míticas. Esta tradición los vinculo con los Jentiles, los titanes mitológicos vascos por excelencia, habitantes de nuestras montañas. Probablemente, este hecho se debió, en parte, a los romances y trovas que se contaban en la vieja Europa por aquella época y que circulaban por el Camino de Santiago, algunas de ellas, hacían referenciar a estas figuras históricas.

Tanto los Jentiles como Sansón y Roldán, son los responsables, a decir de nuestras viejas leyendas, de la ubicación de muchos de los monumentos megalíticos que pueblan nuestras mágicas montañas, así como de la construcción de algunas casas-torre e incluso iglesias. Conocer estos monumentos prehistóricos, es una bonita excusa, para calzarnos las botas de la curiosidad y caminar nuestros antiguos senderos de la montaña, dejándonos embaucar por su telúrica magia.

Hoy nos lanzamos a descubrir uno de esos monumentos megalíticos, seguiremos los pasos del gigante Roldán, vamos a conocer el precioso menhir de Erroldan Arriya.

Encajonado en un extremo de la mágica sierra de Aralar, bajo la atenta mirada de las cimas de Akier y de Artxueta, en cuyas faldas se sitúa el Santuario de San Miguel in Excelsis, encontramos el coqueto valle de Ata.

Un lugar bucólico y mágico ubicado a casi mil metros de altura, extiende su verde alfombra de pastos en mitad de un mar de hayedos y cimas calizas, escondido como queriendo pasar desapercibido en el extremo oriental de la sierra.

Paseando por el ancestral camino que cruza el valle, sentimos la fuerza de los antiguos caminantes que desde tiempos inmemoriales utilizaban ésta misma ruta que unía la zona media de Navarra con Gipuzkoa. Posiblemente los nuevos usos que vamos dando a nuestras montañas, han restado importancia y relegado a un segundo plano a ésta ruta tradicional, ya no la pisan los rebaños transhumantes, ni los pastores constructores de los dólmenes que se localizan en los alrededores. Sin embargo justo a la vera del antiguo camino, una vieja piedra nos conecta directamente con éste mundo perdido en la memoria, con la antigua cultura de los vascos, un monumento mítico enclavado en el centro del vallecito, se trata de la conocida como “Erroldan-Arriya” (la piedra de Roldán).

Para alcanzar este bello rinconcito, debemos llegar al pueblecito de Madotz, ubicado en el valle navarro de Larraun, una pista cementada llega hasta una explanada con un abrevadero

donde comienza la ruta que lleva hasta el Santuario de San Miguel in Excelsis, pasando por el valle de Ata. El camino, antigua cañada, acaricia unos prados hasta internarse en el profundo y misterioso hayedo. Los tonos ocres, amarillos y rojos de las hojas de las hayas en otoño, acarician nuestro caminar y dulcemente nos llevan, tras superar una valla, hasta el portillo de Ata, que da acceso al valle escondido. La alfombra verde de Ata nos atrae de forma seductora a caminar por sus secretos, una atracción de la que es difícil abstraerse, así que nos dejamos llevar por su magnetismo y nos sumergimos en el suave manto herboso que acaricia nuestras viejas y gastadas botas. Allí en mitad del valle junto al viejo camino, nos espera la leyenda, las viejas historias de nuestro pueblo, allí junto al viejo camino, nos espera el menhir de Roldán.

Este monolito de medio metro de altura, oculta bajo tierra otros dos metros más, por lo que el tamaño total del menhir es de 2.5 metros, y según varias investigaciones podría tener 4.000 años de antigüedad. Fue estudiado ya en el siglo XIX, por el investigador Juan Iturralde y Suit, y posteriormente por grandes nombres de nuestra cultura como Telesforo de Aranzadi, José María Satrustegui o el patriarca de la cultura vasca Joxe Migel de Barandiaran

Según nos cuenta una antigua leyenda, que con variantes se da en muchos lugares de nuestra geografía, el mítico gigante Roldán lanzó ésta piedra desde lo alto de un monte con la intención de destruir el Santuario de San Miguel de Aralar, pero resbalando con una boñiga justo en el momento del lanzamiento, el pedrusco perdió impulso y quedó en su actual emplazamiento, en el valle de Ata. En ella aún podemos ver unas marcas incisas que, según cuenta la tradición, serían las huellas que los dedos del gigante dejaron sobre ella al agarrarla.

Tal vez el viento de Aralar nos susurre los múltiples secretos de esta antigua piedra, la razón de su ubicación y uso, sus misterios, leyendas, cuentos,…, viejas historias que sólo él conoce y que hunden sus raíces muy lejos en el tiempo, Allí los dejamos en su valle secreto, al abrigo de su energía telúrica y arcaica, nosotros continuaremos nuestro caminar, eligiendo, libres, la ruta que seguirán nuestros pasos.

Podríamos ampliar nuestra excursión, llegando hasta el Santuario de Aralar, pasando por el enigmático “Apezan Bidea”, y su montículo de piedras, pero esto es otra historia, que caminaremos con calma en su momento. También podríamos llegar hasta la localidad de Iribas por Burnigurutze y el nacedero del Aitzarreta, en ambos casos necesitaríamos dos coches. No sé, son sólo ideas que te dejo aquí, querido lector, para que tú decidas por donde caminar.

Quizás sea por eso por lo que amo las montañas, porque te ofrecen la libertad de elegir tu propio camino, la libertad de perderte o equivocarte, la libertad de disfrutar de lo que te rodea, la libertad de elegir, sin límites, sin dar explicaciones, sin falsedades, ni envidias, sin barreras, sólo ellas y tú en estado puro. Quizás ame las montañas porque me ofrecen la posibilidad de conocer lugares mágicos y enigmáticos como Ata y su menhir de Roldán.