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El riguroso proceso que garantiza que los motores desguace no sean una lotería

Una vez fuera del chasis, todos los motores pasan por una serie de pruebas técnicas que certificarán su salud

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Durante décadas, la palabra «desguace» evocaba en la mente de muchos conductores españoles una imagen de desorden, grasa y piezas amontonadas al azar bajo la lluvia. Existía la creencia popular de que comprar un recambio usado en uno de estos lugares era poco menos que jugar a la ruleta rusa con la mecánica del coche. Pero las cosas han cambiado mucho en los últimos años. Ahora, gracias al esmerado trabajo que realizan en las instalaciones de los Centros Autorizados de Tratamiento (CAT), el estigma de que «lo usado es arriesgado» ha quedado totalmente obsoleto.

De hecho, hoy en día, este sector se ha transformado en una industria de alta precisión. Así que, ya no hablamos de «chatarra», sino de componentes mecánicos y tecnológicos recuperados con estrictos controles de calidad. Y por si te queda alguna duda, vamos a contarte paso a paso el camino que recorre un motor desde que entra en el desguace hasta que está listo para volver a la carretera en otro coche. Es hora de entender por qué un motor recuperado no es una lotería, sino una de las decisiones más inteligentes que puedes tomar por tu bolsillo y por tu seguridad.

La entrada al CAT: el primer filtro de calidad

Todo comienza cuando un vehículo llega al final de su vida útil y entra al desguace, bien sea por un golpe en la carrocería que lo deja como un siniestro total o por una baja administrativa. Aquí se produce el primer filtro: no todos los motores son aptos para la venta.

Los técnicos especializados que allí laboran realizan, en primer lugar, una inspección visual y auditiva. Si el vehículo ha sufrido un impacto que ha comprometido la integridad del bloque del motor o si hay señales evidentes de un mantenimiento negligente, ese motor se descarta para la reutilización y se envía directamente a reciclaje de metales. De manera que, solo los mejores pasan a la siguiente fase para convertirse en recambios de confianza.

La descontaminación y extracción 

Una vez que el motor ha pasado el primer corte, el coche entra en la zona de descontaminación. Este es el lugar donde se extraen todos los fluidos, como los aceites, el anticongelante y hasta el gas del aire acondicionado, siguiendo la normativa ambiental vigente. Es luego de esto que se realiza la extracción del motor.

Imagina, por ejemplo, los motores Peugeot desguace. Al ser esta una marca con una importante presencia en España, los operarios conocen cada tornillo y conexión de estos bloques. Por lo tanto, la extracción no es un proceso bruto, sino una operación casi quirúrgica donde se cuidan los sensores, el cableado y los soportes. Porque un motor extraído profesionalmente conserva la integridad de sus periféricos, lo que garantiza que, al ser instalado en un nuevo coche, la compatibilidad electrónica sea total.

El banco de pruebas: el lugar donde se gana la confianza

Una vez fuera del chasis, todos los motores pasan por una serie de pruebas técnicas que certificarán su salud:

  • Prueba de compresión: se mide la presión en cada cilindro para asegurar que el motor mantiene su fuerza original y que no hay fugas internas.
  • Comprobación de fugas: se somete al circuito a presión para detectar fisuras en la junta de la culata o en el bloque.
  • Verificación del kilometraje: los desguaces profesionales suelen cruzar los datos del odómetro del coche donante con el historial de mantenimientos y la base de datos de la Dirección General de Tráfico (DGT).

En el caso de los motores de segunda mano Fiat, por ejemplo, estas pruebas son vitales para poder asegurar que los sistemas de inyección y los turbocompresores funcionan dentro de los parámetros del fabricante. Si un motor no supera estas pruebas con nota, simplemente no sale a la venta.

La trazabilidad y la garantía legal

Otro dato importante a tener en cuenta es que un motor de desguace no es una pieza anónima. Cada unidad recibe una etiqueta con un código de trazabilidad único que permite saber de qué coche vino, cuántos kilómetros tenía y qué pruebas superó.

Pero lo que realmente brinda tranquilidad a los potenciales compradores es la garantía legal. Por ley, los desguaces deben ofrecer una garantía por los recambios usados que venden. Este es un documento que respalda que ese motor ha sido verificado y que el desguace responde por su funcionamiento. Una transparencia que ha permitido que tanto talleres mecánicos como particulares confíen cada vez más en la compra de motores de segunda mano.

Beneficios invisibles: fiabilidad y sostenibilidad

Ahora bien, comprar un motor verificado no es solo una victoria para tu economía familiar; es una victoria para el planeta. Porque fabricar un motor nuevo requiere una gran cantidad de energía y recursos naturales. Pero al elegir uno recuperado, estás aprovechando una pieza que ya ha pasado sus «pruebas de fuego» en el mundo real.

Por lo general, un motor que ya ha recorrido 50.000 o 80.000 kilómetros es una apuesta más segura que uno recién salido de fábrica que aún no ha demostrado su fiabilidad a largo plazo. 

Así que, con total confianza, podemos asegurar que la profesionalización del sector ha convertido a los desguaces en auténticos laboratorios de recambios donde se sigue un riguroso proceso de selección, extracción y pruebas que da como resultado un motor confiable para la venta con garantía legal. 

Toda una red de seguridad que elimina el azar de la ecuación y que nos hace pensar que, hoy en día, es más arriesgado comprar un motor a un particular en un portal de anuncios sin garantías, que adquirirlo en un Centro Autorizado de Tratamiento o en una página especializada como ventademotores.es o motorsegundamano.net, donde cada pieza tiene un nombre, un historial y una certificación

Si tu coche necesita un nuevo corazón, no dejes que los prejuicios del pasado te detengan. Los motores de desguace en España son sinónimo de fiabilidad, ahorro y responsabilidad. Es hora de dejar de llamarles «piezas usadas» para empezar a llamarles «recambios inteligentes».

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