La Playa de la Concha ofrecía una imagen poco habitual este sábado por la noche. Mientras el oleaje todavía entraba con fuerza, grandes masas de espuma blanca se acumulaban en la orilla, formando figuras casi compactas que, a la luz del paseo, recordaban a restos de jabón o nieve marina.

La escena, visible desde el paseo, llamaba la atención de quienes se detenían a observar el mar agitado. Sin embargo, lejos de tratarse de un vertido, se trataba de espuma marina natural, un fenómeno que se produce cuando el fuerte oleaje agita restos de algas y materia orgánica presentes en el agua. Las proteínas liberadas actúan como tensioactivos naturales y, al mezclarse con el aire y el frío, generan esta espuma espesa y persistente.

Es un fenómeno relativamente frecuente tras episodios de mar fuerte, aunque no por ello deja de resultar llamativo. En esta ocasión el contraste entre la espuma blanca, el negro del mar nocturno y las luces reflejadas en la arena húmeda componía una imagen tan curiosa como efímera, que desapareció con el cambio de las condiciones del mar.





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