Myriam M. Lejardi (Madrid, 1987), autora de novelas como Maldita fortuna, No confíes en Asher Hall o Misha Zhukov debe morir, participará en el LumaFest de Donostia, donde se encontrará con su creciente grupo de lectores. En conversación con Donostitik.com habla de sus inicios en el fanfiction -de los que no reniega-, de sus influencias, de su público y de lo meticulosa que es en su trabajo: “Antes de empezar una historia sé exactamente cómo va a terminar, quiénes son los protagonistas y, si me apuras, hasta qué llevan en los bolsillos”.
Muchos lectores la conocieron primero en el mundo del fanfiction. ¿Qué aprendió en esos años escribiendo en comunidades online?
Creo que gran parte de mi público actual no me leía cuando escribía fanfiction, aunque sí es fácil que sepan que mis primeros pasos en la escritura los di gracias a ese tipo de historias. Hablo mucho del tema porque ni me avergonzó en su momento ni me avergüenza ahora.
Aprendí mucho durante esos diez años: sobre todo a tener constancia y a recibir críticas. Aunque lo más importante fue descubrir quién era como autora y qué tipo de historias quería contar. Me obligo a pensar en eso a día de hoy porque, una vez profesionalizas una pasión y tus facturas dependen de ella, es fácil olvidarlo.
Sus novelas conectan con un público joven muy fiel. ¿Cómo describiría a sus lectores?
Lo que más me gusta de los eventos literarios en los que participo -firmas, charlas y demás- es darme cuenta de lo diversa que es la gente que me lee. Puede que quienes estén en redes sean más jóvenes (sigue asombrándome cuando veo a alguien de doce o trece años hablando de uno de mis libros), pero no son pocas las veces que me dicen que, tras terminar una novela, se la pasan a su madre.
Eso me lleva a que no tengo ni la menor idea de cómo describir a mis lectores: más allá de que me hacen feliz y de que han tropezado con alguna de mis novelas en un momento dado, siento que son muy diferentes entre sí.
¿Recuerda la primera vez que se encontró cara a cara con sus lectores en un evento literario?
A mi primera presentación, como suele suceder, fueron únicamente mis amigos y familiares. Aun así, me resultó emocionante y novedoso poder hablar, micrófono en mano, de lo que hasta hacía poco había sido una afición bastante solitaria.
El verdadero salto fue cuando “mi gente” dejó de acudir para hacer hueco a personas completamente desconocidas. Sentí lo mismo que siento ahora: incredulidad. Sigue costándome entender que haya personas que me lean por gusto y no simplemente porque me quieren; que, además, quieran escucharme hablar y que les haga un garabato -con muy mala letra- en el libro.
Precisamente dentro de poco participará en el LumaFest! de Donostia. ¿Cómo vive ese contacto directo con el público?
Con muchísimos nervios. Soy una persona con ansiedad que, además, tiende al catastrofismo, así que hasta que no llego al lugar del evento estoy convencida de que no vendrá nadie. Cuando me equivoco —si es que lo hago— digiero gran parte de la angustia y me centro en disimular lo introvertida que soy.
Como decía antes, escribir es un proceso solitario, pero publicar no tiene por qué serlo. Poder ver a algunas de las personas que reciben tu trabajo y charlar con ellas sobre él -o sobre cualquier otra cosa- es precioso y compensa con creces los nervios previos.
En los últimos años han irrumpido con fuerza muchas escritoras jóvenes de romance y new adult. ¿Siente que forman una especie de generación o movimiento?
No me considero particularmente joven (de hecho, mi DNI grita justo lo contrario), pero sí creo que somos más autoras de romántica y new adult que hace unos años. Tampoco siento que formemos parte de un movimiento específico, pero me encanta imaginar el sector como una gran oficina y conocer a la mayoría de las trabajadoras de mi planta.
Desconozco si en otros círculos será igual -espero que sí-, pero en general hay mucho compañerismo.
Su estilo mezcla romance, humor y diálogos muy ágiles. ¿Cuáles son sus principales referencias literarias o culturales?
Leo cerca de un centenar de libros al año y, aunque en menor medida, también veo películas y series. Además, adoro los videojuegos y la música. Estoy convencida de que toda esa cultura me influye de alguna forma.
Me gustan los artistas que hablan de lo cotidiano con estructuras fuera de lo común, también quienes emplean la fantasía para poner sobre la mesa problemas muy reales. Un ejemplo perfecto de esto último es Grady Hendrix, quien, en Guía del club de lectura para matar vampiros, presenta una trama con un fuerte elemento sobrenatural y, aun así, consigue que el machismo dé mucho más miedo que un vampiro. Y combina magistralmente el terror con el humor, como también pasa en películas como Zombieland. Las estructuras de Memento y Donnie Darko llevan obsesionándome desde la adolescencia. Más recientemente he perdido la cabeza con Parásitos y Saltburn.
Desde sus primeras novelas hasta las más recientes, ¿cómo ha evolucionado su manera de escribir
No escribo las mismas novelas que hace unos años porque he mejorado técnicamente y porque tampoco soy la misma persona. Tengo más fe en mis propias ideas que al principio, y estoy convencida de que eso se nota, para bien y para mal. Ya no me da tanto miedo mezclar géneros o arriesgar.
Los personajes y el mensaje siguen siendo lo más importante para mí, pero he pulido el contexto, enredando más las tramas y las estructuras. También he rebajado el humor para hacerle hueco a temas que requieren más seriedad y cuidado.
De todos los libros que ha publicado hasta ahora, ¿de cuál se siente especialmente orgullosa? ¿Por qué?
Misha Zhukov debe morir es el que más me apela, tanto por la depresión del protagonista como por la angustia que siente al crear y verse tan expuesto y juzgado.
Ahora bien, del que más orgullosa estoy es de Maldita Fortuna. Estuve a punto de tirar la toalla dos veces, creyéndome incapaz de terminar la historia, y me siento ridículamente satisfecha por no haberlo hecho. Es, con diferencia, mi novela más complicada.
¿Cómo ve el futuro de la literatura romántica y juvenil en España en los próximos años?
Me cuesta adivinarlo. Estamos en un momento incierto en el que se publican novelas por encima de las posibilidades de todas las partes implicadas, y no veo señales claras de que esto vaya a cambiar.
Me gustaría que se cuidaran más las historias, que permanecieran más tiempo en librerías. Si no sucede, muchos autores brillantes podrían rendirse al sentir que no tienen espacio, y otros tantos frustrarse por no alcanzar cifras inasumibles en los primeros días. Todo el programa de Lumafest! aquí /// Adrienne Young, Alina Not, Myriam Lejardi y Garazi Albizua participarán en abril en el festival juvenil LUMAfest



Deja un comentario