Paula Lafuente no se presenta a sí misma por quién es, sino por lo que hace. Según ella misma, «definirse a una misma es limitarse». Artista y psicoterapeuta nacida en Madrid en 1983, Lafuente desarrolla varias actividades profesionales adicionales, pero la que le ha traído a Donostia es la instalación «El destello: trazo, proceso y oración», que habitará y envolverá al visitante de la pequeña galería La Inversa en el barrio donostiarra de Egia, en la calle Virgen del Carmen, 19, hasta el 15 de mayo.
¿Cómo define esta colección de obras?
Son prácticas contemporáneas en las que he intentado trabajar la huella a través de marcas sobre estaño y papel, y también instalativamente usando la arena.
¿Por qué este título de «El destello: trazo, proceso y oración»?
El destello es este concepto que habla de un disparador que te activa a veces los malestares y te acciona por cosas que te han pasado en el presente de una determinada manera, pero también son refugios, lugares e instantes donde sientes una seguridad muy familiar que conforta, que te hace tomar tierra. Estas prácticas son las que habitan el destello entendido de esa manera y también estéticamente, como su propio nombre indica, esa reflexión de la luz.
De ahí también la importancia de esta luz que ilumina la instalación.
Esta luz tiene también algo muy amable, es como de fiesta infantil y hace que toda la obra, que no tiene color, sea portadora del ambiente. De pronto es una extensión del ambiente. Y esa ha sido la intención, generar el ambiente, que fuese más allá de una colección de obras o de una pieza en concreto, sino que las obras pudiesen acompañarte en ese momento del destello.
Entonces no estamos ante una colección de obras individuales, sino dentro de un conjunto que abraza al visitante.
Exacto. Es una propuesta instalactiva. Un dispositivo escultórico instalactivo. Esta obra comulga con el espacio. En otro lugar sería distinta.
Me ha explicado que la ha creado ex profeso para este espacio, y que parte de la obra la ha creado aquí dentro. Ha utilizado estaño, papel y arena de la playa de la Zurriola. Vemos las huellas que dejaron ayer algunos visitantes en la arena que extendió en el suelo. ¿Cuál es la relación que establece entre esta arena y el concepto de herida?
El destello es una forma de relación con la herida, que la sublima. El dolor es un punto de partida pero no es el punto de llegada. Y a partir de ahí sucede algo, que este bestiario marítimo de exoesqueletos que de alguna manera me permiten habitar un refugio muy íntimo y muy personal, a la par que atávico. La arena de este suelo representa una cicatriz, y en los azulejos que faltaban ha sido habitar la herida del propio espacio, haciéndola presente y acompañando el nacimiento del destello desde un plano más terrenal a otro más aéreo u onírico, más simbólico.
Estudió Psicología, ¿y también Bellas Artes?
Soy autodidacta como artista pero también he tenido formaciones con otros artistas, en muchos talleres, no ha sido una formación oficial sino heterodoxa. También he estudiado artes escénicas, Práctica Escénica y Cultura Visual en el Reina Sofía, un máster de Investigación Artística, y además estoy doctorada en Bellas Artes. Investigué el deseo como resistencia en el arte corporal e indagué en una forma de relación que bauticé como «la escucha táctil». Fueron cinco años de investigación artística. Esa ha sido mi formación, más desde la pregunta concreta que desde un estudio formal y técnico.
¿Utiliza el arte en sus terapias?
No necesariamente en todos los procesos aparece el arte, pero a menudo sí.



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