Cuando a las 00 horas del 20 de enero de 1926 se izó por primera vez la bandera de Donostia en la plaza de la Constitución, se creó algo más que un gesto ceremonial: nació el eje que desde entonces marca el inicio y el final del Día de San Sebastián. Cien años después, la Tamborrada de 2026 mantiene la tradición y, además, muestra hasta qué punto la ciudad ha cambiado sin romper su vena histórica.
La izada y la arriada, hoy convertidas en los dos grandes rituales de la jornada, fueron evolucionando con la propia ciudad. En 1934 la Tamborrada de Gaztelubide se incorporó a la izada. En 1957 la Unión Artesana asumió la arriada. Lo que empezó como un gesto casi protocolario se ha convertido en un rito abierto, participativo y profundamente donostiarra.
Este año este centenario desde la primera izada se vivirá con una escena especialmente cargada de significado: el tenor donostiarra Xabier Anduaga, Tambor de Oro 2026, interpretará la Marcha de San Sebastián junto al Orfeón Donostiarra en el mismo instante en que el alcalde ice la bandera. Al mismo tiempo, la ikurriña será izada por representantes de Kondarrak, la tamborrada de Gros que cumple 75 años, subrayando el peso que los barrios han ido ganando en la fiesta.
La bandera que se arriará 24 horas después no se quedará en manos del Ayuntamiento: será entregada a Euskal Billera, una de las sociedades más antiguas de la ciudad, que cumple 125 años. No es un detalle menor. Fue Euskal Billera la que organizó en 1927 la primera Tamborrada Infantil, garantizando que la fiesta tuviera relevo generacional.
Participantes
También ha cambiado quiénes tocan. En 2026 desfilarán 167 tamborradas y, salvo una exclusivamente masculina (Aizepe), todas son mixtas. Casi el 47 % de las 22.736 personas que saldrán este año a desfilar serán mujeres.
Esa transformación se refleja también en el cartel conmemorativo e este año, obra del artista donostiarra Roskow. Su ilustración une la plaza de 1926 con la de 2026: la multitud, la medianoche, la Marcha de Sarriegui y la bandera elevándose como protagonista absoluta. Pero introduce un cambio clave: una mujer en el centro de la escena, simbolizando una ciudad que ha hecho de la igualdad parte de su identidad festiva. Así lo ha contado él mismo esta mañana en el Ayuntamiento.

La música, otro de los pilares de la Tamborrada, también da un paso adelante. La Charanga Joselontxos ha grabado por primera vez las doce melodías oficiales en formato de txaranga, el que hoy utilizan la mayoría de los grupos. Estas grabaciones estarán disponibles en plataformas digitales, bibliotecas y escuelas de música, convirtiendo el repertorio de la fiesta en patrimonio sonoro accesible para toda la ciudadanía.
A todo ello se suma la escenificación de Kresala Dantza Taldea, que desde 2016 introduce en la izada una coreografía que va de la solemnidad al caos teatral, convirtiendo el ritual en algo más que un acto protocolario: una pequeña parábola festiva sobre el orden, el desorden y la vida urbana.




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