Cultura

Viaje al universo Ayestarán: arte, música y libertad en Rodil

La exposición “Nota: El artista no recibe” en Okendo Kultur Etxea rescata la memoria íntima de Popotxo, Jesús e Iñaki a través de familiares y amigos

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Los tres hermanos Ayestarán. Imagen de la exposición de Okendo K.E.

«No habrá nadie como vosotros. Teníais tanto que enseñar, y poco que demostrar. La sociedad no estaba ni está preparada para gente como vosotros».

Así se expresa Lucrecia Ayestarán, hija de Pedro, Popotxo, en el libro de firmas de la exposición sobre los tres hermanos Ayestarán, «Nota: El artista no recibe». «No recibían como artistas», precisa, emocionada, «porque Jesús y Pedro acogían a muchos amigos en su piso de la calle Rodil, en la zona de Manteo». «Ellos no se consideraban artistas», amplía.

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Un hervidero creativo en San Francisco

Esta historia comienza en el piso familiar de la calle San Francisco. La banda sonora eran los discos que la madre de Iñaki, Pedro y Jesús traía de Francia. Un hervidero creativo que fascinó a Cheli Lanzagorta, comisario de la exposición junto a Joxean Muñoz.

Lanzagorta fundó La Orquesta Mondragón con Javier Gurruchaga y fue su primer guitarrista. «Cuando llegué a Donostia, me pareció lo más moderno que había visto después de París», recuerda.

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Obra de Jesús Ayestarán en la expo ‘El artista no recibe’.

«Esa casa abrió un mundo nuevo para mí. Popotxo y Jesús me iniciaron en músicas que apenas había escuchado y fueron parte importante de mi formación. Había un ambiente muy cariñoso y el humor siempre estaba presente. Tuve menos contacto con Iñaki, Txiki, porque era mayor que nosotros, pero disfruté mucho de su sabiduría musical y su sentido del humor».

Sobre la selección de obras para la muestra, añade: «Había gran cantidad de obra, y sigue apareciendo más en distintas casas, pero la selección fue fácil por dos razones: su hermana Mari Ayestarán tenía todo ordenado y registrado, y Joxean Muñoz tiene gran experiencia en el comisariado».

Lucrecia y el mundo de Jesús

Lucrecia se mudó «a Tenerife muy niña, cuando vivían los tres», pero regresó con 19 años y convivió con su padre y con Jesús.

Recuerda cuando su padre se fue a Madrid «unos 10 meses» y tuvo que quedarse con Jesús, siendo aún «dos extraños» el uno para el otro. «Al principio no entendía nada. Jesús dormía de día y se despertaba a las 18:00. Se pasaba horas pensando y contestándose a sí mismo, y yo lo sabía por el movimiento de sus cejas».

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Obra de Jesús Ayestarán en la expo ‘El artista no recibe’.

«Nos fuimos conociendo poco a poco y me introduje en su mundo de disparate y coherencia. Hablábamos de música, de sonidos raros, de que el tiempo no existía, de coger cosas de la basura para sus cuadros. Pero sobre todo nos hacíamos compañía y descubrimos que no éramos tan diferentes. Así creamos un vínculo precioso».

De su padre destaca otra faceta: «Siempre traía novedades de arte, música y cine. Me obligaba a ver películas cuando llegaba de marcha a las tres de la mañana, pero al final siempre me encantaban. Terminábamos hablando horas».

«La música era fundamental. Teníamos un altavoz en cada esquina del salón y el aita me decía: ‘Tienes que sentir la música en el centro de tu cabeza’. También me enseñó a reírme de mí misma haciendo mini sketches y tonterías».

Rodil: un segundo hogar

María Irigoien vivía en el piso inmediatamente superior al de Jesús y Pedro en Rodil.

«Popotxo y Jesusín eran seres llenos de sensibilidad y creatividad, con una autenticidad exquisita y una ternura espontánea. Desde su visión caótica y soñadora, derramaban arte por los poros», cuenta.

«Su casa era mi segundo hogar. Allí te sentías libre para expresarte. Jesús era más callado y hogareño, pero muy inteligente, con un mundo interior profundo. Popotxo y yo interpretamos juntos a Ionesco en el bar Callejón con Ricardo Puente a la guitarra».

Irigoien muestra, en exclusiva, unos bocetos inéditos dibujados por Pedro que conservaba en su casa.

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María Irigoien muestra los bocetos. Foto: U.M

Improvisación y maestros

Lisandro Suárez, cantautor antes conocido como Infame y actualmente como Plagio Magno, apunta:

«Nos reconocimos, como si hubiésemos dejado algo pendiente en el pasado o en el futuro. Pedro era la punta del iceberg, la parte visible. Ha sido un maestro para mí: su colección de discos, sus libros de arte, crear con ellos… Con Jesús era distinto, estaba en otra dimensión. Me enseñó la improvisación, la parte más disfrutable de la música. También compartían referencias de Laboa, Chillida y Oteiza».

Maite Egaña, cantante de Salud Mental, coincide en la huella que dejaron: «Con Jesús tenía conversaciones que te acompañan siempre. Era muy especial, igual que Popotxo. La primera vez que entré en su casa de Rodil me encontré a Jesusín tocando el teclado con sonido Kraftwerk. Ese salón lleno de arte, música y libros. Impresionaba».

«Excelente mimo y clown»

Egaña recuerda cuando actuó con Toni Medina y Popotxo en el colegio de preescolar Biteri en Gros. Popotxo llevó percusión en su maletín y dio a los niños la oportunidad de tocarla.

«Nosotros ilusionados, y los niños felices. Fue una mañana que se guarda para siempre».

Medina también lo rememora: «Fue muy divertido. Mi hijo Noel se lo pasaba genial con Popotxo. Tenía una conexión especial con los niños, era un excelente mimo y clown«.

La exposición y las citas

La exposición «Nota: El artista no recibe» permanecerá abierta en la Casa de Cultura de Okendo en Gros hasta el 8 de mayo.

29 de abril (19:00): charla-concierto sobre los inicios del pop en la Donostia de los años 60 con miembros de Los Ágaros y músicos de la época.

6 de mayo (19:00): charla sobre el desafío cultural que supuso la Orquesta Mondragón en los años 70, con la participación de Javier Gurruchaga y otros protagonistas.

Las invitaciones comenzarán a repartirse una hora antes en la propia casa de cultura.

Al día siguiente, jueves 7 de mayo, la gira por los 50 años de la Orquesta Mondragón recalará en el teatro Victoria Eugenia con Popotxo en la memoria.

Vitalidad hasta el final

El mes pasado volvió a circular con fuerza en redes un vídeo de julio de 2019 en el que Popotxo bailaba y tocaba la percusión sobre la barra del bar La Tita Lupe de Gros durante un concierto de la banda Infame.

Una muestra de la vitalidad que mantuvo Pedro Ayestarán hasta su muerte, el 3 de octubre de 2020, a los 69 años. Al año siguiente falleció Jesús.

Queda su memoria, su música y quienes compartieron casa, conversaciones y arte con ellos.

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