En pantalla

23 mujeres de Altza llevan su historia al cine con ‘Aldapa’

Un documental nacido en un taller convierte sus vidasen un retrato colectivo en el Festival de Cine y Derechos Humanos

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El equipo de ‘Aldapa’. Foto: DonostiTik.com

No esperaban protagonizar una película. Y, sin embargo, ahí están: 23 mujeres de Altza, jubiladas y con una intensa vida a sus espaldas, protagonizan Aldapa / La cuesta, uno de los documentales con entradas agotadas en el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián.

La proyección será el 28 de abril en el Teatro Principal, donde previsiblemente se reunirá todo el barrio. Pero esta mañana, en el pase de prensa, el foco ha estado en los orígenes. Todo comenzó en el taller de Cuerpo y Movimiento Expresivo de la Asociación de Personas Mayores José Manuel Varona. Allí, la directora del documental, Mafalda Saloio, descubrió que había muchas historias que contar. Y lo hizo junto a Sergio Haro.

«En realidad tenía intención de hacer un vídeo de cinco minutos… y pasó esto», resumían ambos en el Teatro Victoria Eugenia, arropados por las mujeres cuyas historias se intuyen, a trazos, en el filme.

Saloio y Haro entraron con sus cámaras en las casas de estas vecinas, que compartieron sus vivencias en un ejercicio de mucha confianza.

Muchas llegaron a Altza desde Galicia o Extremadura. En la película afloran la soledad de los primeros años y el trabajo. Mucho. «Yo me jubilé con 77 años», contaba una. Otras recuerdan meses enteros solas, con sus maridos en el mar.

En el centro está la cuesta de Herrera, símbolo de muchas vidas. No solo por el esfuerzo físico —cuando no había autobús y tocaba subirla andando—, sino como reflejo de trayectorias marcadas por migraciones, cuidados y trabajo constante.

El documental recoge todo desde una mirada íntima y exclusivamente femenina: no hay voces masculinas.

Pero Aldapa no es solo memoria para Ana, Anastasia, Benita, Celia… también es presente en la asociación, donde mantienen una vida muy activa.

«Vas a las clases con ilusión», explicaba Idoia. «Aprendemos, lo pasamos bien… es convivencia. Es salir de casa. Aquello es como nuestra casa».

El taller se ha convertido en un espacio donde compartir vivencias personales. «Hablamos mucho. Hemos entrado en las casas de cada una, que es algo muy íntimo».

Muchas ya se conocían, pero el proceso ha reforzado los vínculos.

El resultado: una película que pone rostro a historias que rara vez ocupan el foco. Y que, esta vez, han terminado subiendo juntas otra cuesta inesperada: la de la gran pantalla. Más sobre el Festival de Cine y Derechos Humanos, aquí.

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