“Donostia no se vende”, ha advertido el alcalde Jon Insausti al defender el nuevo planteamiento conjunto de Donostia y Bilbao para optar al Mundial 2030. Un modelo que, según ha insistido, permitirá mantener una candidatura “a la donostiarra”: compatible con la vida cotidiana, con menor impacto y con condiciones propias.
Tras anunciarse la propuesta vasca para concurrir como una única sede con dos estadios —Anoeta y San Mamés—, Insausti ha defendido que la decisión responde a una cuestión de eficiencia, pero también a la necesidad de reducir el peso que tendría el torneo sobre la ciudad.
“Hablábamos de cuatro partidos y ahora hablaríamos de dos. Eso también reduce gastos, inversiones y la intensidad del propio Mundial en Donostia”, ha explicado.
El alcalde ha insistido en varias ocasiones en que el principal criterio es proteger la ciudad y su día a día. “El Mundial 2030 en Donostia tiene que ser compatible con la vida cotidiana. Ese es un principio inquebrantable”, ha señalado.
“Donostia no está al servicio de la FIFA. En todo caso, la FIFA tiene que estar al servicio de Donostia”, ha añadido.
Entre las líneas rojas planteadas a la Organización del campeonato, Insausti ha citado la protección de la vida cotidiana, el respeto a la identidad local y a los eventos culturales, la negativa a determinados cambios normativos, las exclusividades comerciales o la necesidad de aclarar la financiación.
Aunque ha defendido la candidatura compartida desde una “visión de país”, Insausti ha insistido en que eso no implica renunciar a la perspectiva local. “La visión de país sí, pero también la visión donostiarra”, ha señalado.
Según ha explicado, la colaboración con Bilbao permite además aprovechar estructuras y servicios compartidos y adaptar mejor el torneo a la escala de la ciudad. “Somos una ciudad media, de gran calidad, que quiere mantener su calidad urbana y su vida cotidiana”, ha defendido.
Las instituciones vascas deberán seguir remitiendo documentación a la FIFA durante los próximos meses mientras continúa el proceso de selección de sedes.
“Tenemos que preguntarnos cuánto cuesta, qué permanece y qué desaparece cuando el Mundial pase”, ha concluido el alcalde. “Esta tiene que seguir siendo una ciudad para vivir antes del Mundial y también después”.





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