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Cómo diseñar y equipar un salón de belleza moderno

Además de cómo se ve, el salón tiene que funcionar bien internamente

img 0 1 Cómo diseñar y equipar un salón de belleza moderno
Montar o reformar un salón de belleza no es solo escoger colores bonitos y comprar sillones que sean cómodos

Existen muchos elementos que influyen en la manera de organizar el espacio, en el mobiliario y en la propia salud del equipo, también en cómo lo perciben los clientes, así como en la rentabilidad del negocio. Un proyecto bien pensado marca las diferencias entre un centro funcional y uno que corre el riesgo de quedarse atrás.

El espacio es también una herramienta de trabajo

Los salones de belleza son también entornos laborales. Se pasan muchas horas de pie, manejando herramientas eléctricas y se atiende a muchas personas al mismo tiempo, lo que exige pensar en la distribución con criterios ergonómicos y de seguridad, no solamente en lo estético.

Uno de los puntos más importantes es la circulación: piensa que el personal se tiene que poder mover sin que se cruce constantemente ni que tropiece con cables, taburetes o carros de producto.

Lo más recomendable es trazar “pasillos” invisibles que puedan conectar recepción, área de trabajo, lavacabezas y área de color con fluidez, de tal forma que se eviten los ángulos muertos y que se acumule el material donde no toca.

Cuando hay una mala circulación, lo que ocurre es que el estrés es mayor y también los pequeños accidentes; una buena reduce los tiempos muertos y mejora la sensación de orden.

La iluminación es otro factor determinante. En la peluquería, la barbería y la estética, la luz permite ver mejor el cabello, la piel y demás detalles sin que deslumbre ni se creen sombras extrañas.

Lo más normal es que se combine la luz natural cuando se disponga de la misma con una iluminación artificial que sea neutra. De esta forma se minimizan los errores de color y hay una mejora en cuanto al confort visual del equipo.

Mobiliario: ergonomía y durabilidad

Los muebles profesionales no son solamente un decorado. Existen sillones, tocadores, lavacabezas, carritos y áreas para la espera. Se trabajan muchas horas diarias y ello tiene un gran impacto en la salud del personal y también en la experiencia de quienes se sientan en ellos.

Ergonomía

La ergonomía es algo esencial. Los sillones de peluquería deben permitir que se regule la altura y la posición con mayor rapidez y estabilidad, de tal forma que los profesionales no tengan que estar forzando la espalda.

En este sentido, los lavacabezas tienen que cuidar el apoyo del cuello y la inclinación del cuerpo; son muchos los problemas que aparecen en las cervicales de los clientes y técnicos, los cuales provienen de diseños que han sido escasamente estudiados.

Si hablamos del mundo de la estética, las camillas, los carros y los taburetes son elegidos pensando en que se producirán posturas repetitivas: cuando el cuerpo se adapta al mueble y no a la inversa, el riesgo de lesiones es menor.

Durabilidad

La durabilidad también es importante. Lo ideal es que sean acabados sencillos, tapicerías resistentes a químicos, estructuras metálicas bien soldadas y mecanismos de accionamiento robustos que evitan que el salón se tenga que sustituir por piezas cada poco tiempo.

Justo aquí es cuando es necesario recurrir a fabricantes especializados en mobiliario profesional, algo que en el caso de mi salón encontré en el catálogo de grupo belleza, puesto que vi muchos muebles que eran perfectos y prácticos para el uso intensivo que quería darles en mi negocio.

La imagen del salón y lo que percibe el cliente

La confianza es un elemento importante. El cliente se sienta en una silla y deja en manos ajenas su imagen, la piel o el cabello. El espacio comunica bastante antes de que nadie vaya a tocar unas tijeras.

Debemos hablar también de algo tan importante como la coherencia estética, puesto que es un criterio sencillo, pero también potente. No es que todo tenga el mismo color, sino que exista un hilo conductor entre la recepción, la zona de corte, el área de estética y la sala de espera.

El salón lo que hace es mezclar muebles improvisados, colores dispares y elementos domésticos; transmite sensación de provisionalidad; uno pensado en el que se ha pesado todo, lo que ayuda a que se genere una sensación mayor de profesionalidad y cuidado.

Del mismo modo, es bueno pensar en el confort del cliente: aquí es importante contar con unas sillas de espera que sean cómodas, áreas en las que dejar las pertenencias sin miedo, acceso sencillo a los aseos y una sensación general de limpieza y de orden.

Organización interna y flujos de trabajo

Además de cómo se ve, el salón tiene que funcionar bien internamente. Los flujos de trabajo condicionan dónde se debe colocar cada elemento.

En las peluquerías hay que colocar los lavacabezas de manera que no sean de cuello de botella, situando la zona de color próxima a un punto de agua y a superficies sencillas de limpiar, así como disponer de los carros de herramientas a una distancia cómoda y evitar cables cruzando áreas de paso, siendo estas decisiones las que facilitan nuestro día a día.

Disponer de proyectos integrales de equipamiento que contemplen todo esto ayuda a que se simplifique mucho la tarea. No hay muchas empresas fabricantes que ofrezcan además de productos sueltos, propuestas completas para la decoración y equipamiento de los salones con coherencia.

Por este motivo, lo mejor es que a la hora de elegir pienses mucho con qué profesionales de la decoración hacerlo y qué necesidades son las que tienes. Al final es lo que puede marcar las diferencias en tu negocio.

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