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Envejecimiento

El 34% de los mayores recibe visita diaria en las residencias y el 33% dos a la semana como mínimo

Voluntarios de Pintxokoop paseando en triciclos a personas internadas en residencias donostiarras. Foto de archivo: Santiago Farizano
14 May.19
Tiempo de lectura: 3 minutos
La Fundación Zorroaga de Donostia presenta un estudio que desgrana desde la difícil decisión de ingresar al familiar hasta las consecuencias del trabajo de cuidador

El 34% de las personas mayores de las residencias recibe visita a diario y el 33% dos ó más veces por semana. El 15% una visita semanal y otro 15% recibe una sola visita al mes. El 4% de los residentes no tiene visitas. Son algunas de las cifras que aporta el informe de la Fundación Zorroaga de Donostia sobre las familias de las personas mayores dependientes. En el caso de la citada fundación, tiene acuerdos con entidades de voluntariado como Nagusilan y Cruz Roja que posibilitan que los residentes con escasas visitas también estén acompañados.

De este estudio que ha contado con el apoyo económico de la Diputación Foral de Gipuzkoa se desprende que la decisión de ingresar a un familiar en la Fundación resulta una experiencia emocional muy difícil, donde prevalecen sentimientos como la tristeza, la pena, la culpa, la preocupación o el fracaso frente al alivio, la liberación, la tranquilidad o la confianza. El hecho de que la persona mayor no esté claramente de acuerdo con trasladarse al centro (52%) complica la situación.

El estudio reafirma que las familias que toman la decisión de ingresar a una persona mayor dependiente en una residencia no se desentienden de sus cuidados. Cambia el tipo de tareas que realizan y lógicamente disminuye el número de horas de dedicación, pero las familias continúan estando muy presentes en la vida de los mayores. Las personas que cuidan se sienten más valoradas por su familiar tras el ingreso. Además, la salud psíquica, las relaciones sociales y la vida laboral de la persona cuidadora, mayoritariamente una mujer, mejora tras el ingreso en el 70% de los casos.

Son las principales conclusiones de este estudio que ha realizado la Fundación Zorroaga de Donostia sobre las familias de las personas mayores dependientes. El trabajo se ha llevado a cabo mediante entrevistas con una muestra de 90 personas sobre las 218 personas de referencia de los mayores atendidos.

Carga psíquica y falta de reconocimiento
El perfil del familiar de referencia es el de una mujer (74%), con más de 56 años (52%) con formación, con familia propia (82%), que trabaja ( 48%) o está jubilada (40%). Antes del ingreso el familiar de referencia se ocupaba de la persona mayor dependiente en el 98% de los casos y el 28% vivía con ella. El 68% recibía apoyo de otros familiares. La mayoría han sufrido directamente las consecuencias de la carga de cuidar, especialmente a nivel psíquico (82%, con un 9% que precisó ayuda psicológica y médica), pero también a nivel laboral o de relaciones personales. Además el 47% de las personas cuidadoras sentía que su labor no era valorada por la persona mayor.

Una vez en la residencia, saber que la persona mayor está atendida por profesionales 24 horas aporta tranquilidad a las familias. Más del 70% afirman que su salud psíquica, sus relaciones sociales y su vida laboral mejoran. El ingreso modifica, además, la percepción de la persona cuidadora de sentirse valorada, aumentando del 53% al 80% los casos que afirman sentirse valorados y agradecidos. No obstante un 13% de las personas de referencia se siente parecido o incluso peor que antes del ingreso.

Por otra parte, el estudio refleja que la principal responsable de los cuidados antes y del ingreso es mayoritariamente una mujer. Antes del ingreso, las mujeres venían asumiendo con más de 20 puntos de diferencia tareas como los cuidados personales, compras, comida, limpieza, resolución de imprevistos y toma de decisiones, desplazamientos fuera del domicilio o manejo de los trastornos de conducta. Esta situación se invierte cuando se trata de administrar el dinero de la persona mayor.
Tras el ingreso en el centro se reducen las horas de dedicación y las tareas de cuidado cambian -vistas, compras, paseos, acompañamiento en actividades, consultas médicas y estancias en hospital o gestionar el dinero, entre otras- y son llevadas a cabo de manera más igualitaria por hombres y mujeres.

La investigación ha recogido, además, las demandas de las familias. En su mayoría, están orientadas a desear un mayor grado de flexibilidad y personalización de los servicios. 

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