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«El abuso no termina tras la violación»: ‘Sucia’ llega al Victoria Eugenia

Bàrbara Mestanza presenta mañana su película con coloquio dentro del Festival de Cine y Derechos Humanos

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Bàrbara Mestanza y Marc Pujolar, responsables de ‘Sucia’. Foto: DonostiTik.com

“¿Por qué no hice nada?” Esa es la pregunta que atraviesa Sucia, el documental de Bàrbara Mestanza y Marc Pujolar que se proyecta este sábado en el Teatro Victoria Eugenia dentro del Festival de Cine y Derechos Humanos de Donostia. “Ahora tiene más fácil respuesta que hace seis años”, reconocía esta mañana la propia Mestanza, que ha llevado al teatro primero, después al cine, una experiencia traumática seguida de un proceso largo, incómodo y profundamente personal.

Porque Sucia no se detiene en la agresión sexual que está en el origen de esta historia. “El abuso no termina tras la violación. Ahí empieza un proceso de sanación que pasa por muchas fases”, ha explicado esta mañana la cineasta. “Pasé por bloqueo, negación y autodestrucción”.

De ahí la decisión de apartarse del camino trazado: “Contamos el abuso en cinco minutos porque no va de esto, no va de darle bombo al abuso, sino de lo que viene después”. También hay una voluntad clara de romper con ciertos códigos: “En lo audiovisual hay una estética del abuso. Y esta película intenta romper con eso. Narramos un viaje vulnerable”.

Al hablar de «la estética del abuso» Marc Pujolar se ha referido a Ni una más, en Netflix. “Es urgente que nosotras narremos y cambiemos el discurso”, ha añadido Mestanza, que durante la rueda de prensa ha llamado a la reflexión: “la verdad nunca es suficiente: parece que tienes que acompañarla con el prototipo de víctima”.

El camino desde el abuso hasta ahora, seis años después, no ha sido sencillo. “Buscando financiación nos decían que el personaje no emocionaba suficiente, que no lloraba suficiente”, recuerda. Y a eso se suma el tiempo judicial: “Hacía tiempo que queríamos acabar este documental y lo lento de la justicia no lo permitía. Teníamos sensación de que íbamos tarde. Hace seis años la sociedad estaba en otro punto”.

Ha sido un proceso que ha definido como un “vía crucis jurídico” y que le dejó preguntas incómodas: “¿Explicamos el abuso analizando a la víctima antes que al agresor? Durante el proceso judicial me preguntaron por mi primera experiencia sexual… estamos desubicados”.

Mestanza no elude tampoco la dimensión personal del proyecto: “Ha sido muy kamikaze por mi parte. Me he hecho daño narrando esto. Me han visto llorando en el peor momento de mi vida. Me duele, pero me urge”.

Todo ello sin eludir una cuestión que jugaba a su favor: «Soy privilegiada, he podido pagar mi proceso judicial”, aunque eso no evitó situaciones de cuestionamiento incluso con cuatro informes psicológicos favorables.

Con el agresor en libertad y el proceso aún abierto, Sucia funciona también como una forma de tomar la palabra. “Voy a seguir tratando estos temas hasta que ya no sea necesario, aunque sea sin poner mi cuerpo”, ha asegurado Mestanza.

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