El buque de rescate humanitario Aita Mari, operado por la ONG Salvamento Marítimo Humanitario (SMH), zarpó este miércoles a las 14:45 desde el Puerto de Valencia rumbo a Siracusa (Italia) para iniciar su misión número 18 en el Mediterráneo central.
La salida se produce tras varios días de preparación, entrenamientos técnicos y coordinación a bordo, con toda la tripulación lista para retomar las labores de asistencia humanitaria en una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.
SMH advierte de que esta nueva misión se desarrolla en un contexto marcado por el endurecimiento de las políticas migratorias en Europa. En los últimos meses, la Unión Europea ha reforzado una agenda cada vez más restrictiva, priorizando la externalización de fronteras y los mecanismos de control frente a la protección de los derechos de las personas que buscan refugio y asilo.
Diversas organizaciones humanitarias han denunciado especialmente el nuevo decreto europeo que entrará en vigor el 7 de junio, que endurece los procedimientos fronterizos y amplía los mecanismos de detención y devolución acelerada de personas migrantes y solicitantes de asilo. Entidades sociales y jurídicas advierten de que estas medidas pueden debilitar el derecho internacional de asilo y aumentar el riesgo de vulneraciones de derechos fundamentales en las fronteras europeas.
El capitán del Aita Mari, Iñigo Mijangos, ha criticado este giro político. “La aprobación de este decreto supone un paso más en la consolidación de una Europa que responde al sufrimiento humano con barreras, detenciones y expulsiones”, ha señalado. “Mientras desde las instituciones europeas se aprueban normas que endurecen las fronteras, las organizaciones civiles seguimos siendo testigos directos de las consecuencias de estas políticas en el mar”.
Mijangos también ha cuestionado la reciente decisión del Parlamento Europeo de validar la creación de centros de deportación en terceros países, una medida que, según distintas organizaciones humanitarias, consolida la externalización de responsabilidades y pone en riesgo la protección efectiva de las personas migrantes y refugiadas.
“Externalizar las fronteras y financiar centros de deportación fuera de Europa no resuelve nada: solo aleja el problema de nuestra vista mientras miles de personas continúan arriesgando su vida. Tenemos que decir basta a la Europa fortaleza; por eso nuevamente salimos a prestar ayuda humanitaria donde haga falta”, ha afirmado.
La misión 18 del Aita Mari se inicia además en un contexto internacional marcado por el recrudecimiento de conflictos en Oriente Medio, una situación que previsiblemente generará nuevos desplazamientos forzados de población. Este escenario apunta a un posible aumento del número de personas que se verán obligadas a abandonar sus hogares y buscar protección internacional, muchas de ellas intentando alcanzar territorio europeo a través del Mediterráneo.
Ante esta realidad, las organizaciones humanitarias insisten en que la Unión Europea debe responder con políticas basadas en la protección, la acogida y el respeto al derecho de asilo. Más sobre el Aita Mari, aquí.



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