Un estudio del DIPC revela por qué los humanos se sienten atraídos por los cristales

Experimentos con chimpancés muestran que distinguen estas piedras por su transparencia y forma, lo que podría explicar una fascinación que se remonta a cientos de miles de años

Crystals like those collected by hominids HR 1 scaled Un estudio del DIPC revela por qué los humanos se sienten atraídos por los cristales
Cristal utilizado en el estudio del DIPC. Foto: Aden Kahr / DIPC

Un equipo científico del Donostia International Physics Center ha investigado el origen de la fascinación humana por los cristales y ha descubierto que podría tener raíces evolutivas muy profundas. El estudio, publicado en la revista Frontiers in Psychology, sugiere que esta atracción podría remontarse a hace millones de años.

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Los investigadores realizaron experimentos con chimpancés, una de las especies más cercanas genéticamente al ser humano. En las pruebas, los animales mostraron una clara preferencia por los cristales frente a las rocas normales. Los observaban, los giraban y los examinaban durante largos periodos, especialmente atraídos por su transparencia y por sus formas geométricas.

Según explica el investigador Ikerbasque del DIPC Juan Manuel García-Ruiz, los chimpancés fueron capaces de distinguir rápidamente los cristales de otras piedras eincluso seleccionarlos entre montones de rocas comunes. En algunos casos los transportaban y separaban del resto de objetos, lo que sugiere que podían considerarlos objetos valiosos.

El interés por estos materiales podría ayudar a explicar por qué en numerosos yacimientos arqueológicos se han encontrado cristales junto a restos humanos. Las evidencias indican que los homínidos los recogían desde hace al menos 780.000 años, pese a que no se utilizaban como herramientas ni como armas.

El estudio apunta a que las propiedades únicas de los cristales —superficies planas, simetría y transparencia— podrían haber llamado la atención de nuestros antepasados porque eran formas poco habituales en la naturaleza. Según los autores, esta atracción podría estar relacionada con los orígenes evolutivos de nuestra percepción estética y de la forma en que los humanos interpretamos el mundo.

El estudio ha sido publicado en la revista científica Frontiers in Psychology y está firmado por los investigadores Juan Manuel García-Ruiz, Tomás de la Rosa, Irene Delval y Guillermo Bustelo. Los experimentos se realizaron con chimpancés rescatados que viven en la Fundación Chimpatía, dedicada al cuidado de primates procedentes del tráfico ilegal o del abandono.

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