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El dinero de las apuestas y el fútbol: por qué el patrocinio que España prohibió domina en Sudamérica

Inglaterra sigue ahora un camino parecido, aunque más gradual: los clubes de la Premier League acordaron retirar las casas de apuestas del frontal de sus camisetas al final de la temporada 2025-26, tras un periodo de transición de tres años

Quien repase hoy las camisetas de LaLiga no encontrará el logotipo de ninguna casa de apuestas. No es casualidad ni elección estética: desde la entrada en vigor del Real Decreto 958/2020, los clubes españoles tienen prohibido lucir patrocinios de operadores de juego en sus equipaciones y estadios. Pero que el dinero de las apuestas haya desaparecido de las camisetas de LaLiga no significa que haya desaparecido del fútbol. Al contrario: nunca movió tanto dinero como ahora. Solo cambió de continente.

España cerró la puerta, pero el gasto vuelve a crecer

El decreto español fue de los más duros de Europa: fuera de las camisetas, fuera de los estadios, publicidad televisiva limitada a la franja de madrugada. Sin embargo, los datos del regulador muestran que el sector encontró otras vías. Según el último informe trimestral de la DGOJ, la inversión de los operadores en patrocinio creció más de un 238% interanual a comienzos de 2025, en formatos y competiciones donde la normativa lo permite. El dinero, sencillamente, se reacomodó.

Inglaterra sigue ahora un camino parecido, aunque más gradual: los clubes de la Premier League acordaron retirar las casas de apuestas del frontal de sus camisetas al final de la temporada 2025-26, tras un periodo de transición de tres años. Ocho de los veinte equipos del campeonato inglés lucían todavía un patrocinador de este sector.

El destino del dinero: Sudamérica

Mientras Europa restringe, América Latina se ha convertido en el gran escaparate del sector. El caso más llamativo es Chile: en el arranque de la temporada 2026, los 16 clubes de su Primera División lucen patrocinio de casas de apuestas en la camiseta. Los contratos de Colo-Colo y Universidad de Chile superan los 10 millones de dólares, y un solo operador firmó de golpe con 11 equipos de la liga. En Brasil, los grandes clubes cobran entre 18 y 30 millones de dólares anuales de este tipo de patrocinadores, cifras impensables hace una década.

El auge comercial refleja la madurez de un mercado donde plataformas internacionales como 1xbet Chile, Jugabet o Betano compiten por un público futbolero que ha trasladado al móvil buena parte de su consumo deportivo. Para los clubes chilenos, estos contratos representan el sustento principal en una liga cuyos ingresos televisivos se reducirán en 2026.

Un modelo bajo presión legal

El boom convive, sin embargo, con un frente judicial abierto. La Corte Suprema chilena ha declarado ilegales a los operadores internacionales sin licencia local y ordenó a las telecos bloquear el acceso a sus plataformas, mientras el Congreso debate desde hace años una ley de juego online que regularice el mercado. Trece clubes firmaron una carta pública defendiendo la validez de sus contratos de patrocinio, alegando que prohibirlos dejaría al fútbol chileno en desventaja frente al resto del continente.

La paradoja resume el dilema global del fútbol: las mismas marcas que España expulsó de las camisetas sostienen hoy buena parte del balompié sudamericano. Para el aficionado español, la lección es doble. Su liga viste limpia por ley, pero el ecosistema en el que compite —fichajes, traspasos, torneos internacionales— se financia cada vez más con dinero del juego. Y la experiencia chilena sugiere que la pregunta de fondo no es si ese dinero estará en el fútbol, sino bajo qué reglas: la prohibición sin regulación, de momento, solo ha cambiado el dinero de sitio.

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