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El idioma: el hilo mágico que interconecta nuestros cerebros

13 Feb.19
Por: A. E. / Redacción
Tiempo de lectura: 3 minutos
Archivado en:
Un estudio realizado por el BCBL permite avanzar en la investigación de la sincronización cerebral, un fenómeno por el cual las ondas cerebrales de dos personas que entablan una conversación se alinean creando un vínculo único

Hablar del tiempo o de las vacaciones de verano. Algo tan simple como una conversación cotidiana provoca que los cerebros de dos personas comiencen a trabajar de forma simultánea, sincronizándose y estableciendo así un vínculo único. Es lo que en neurociencia se llama sincronización cerebral y que, según una investigación realizada por el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) de San Sebastián, depende de la lengua que usamos para comunicarnos.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista científica Cortex y realizado con la colaboración de otras instituciones y universidades internacionales de referencia, como la Universidad de Toronto (Canadá) y la Universidad Nebrija de Madrid, ha permitido a los investigadores analizar cómo ocurre la sincronía de las ondas cerebrales en contextos lingüísticos distintos. Así, los expertos han comprobado por primera vez que la forma en la que se sincroniza o asemeja la actividad de dos cerebros depende de la lengua usada en la conversación.

Este estudio, liderado por el investigador Alejandro Pérez,  se suma al realizado en 2017 por el BCBL, en el que el centro donostiarra describió el fenómeno de la sincronización cerebral en la comunicación entre dos personas que hablan en su lengua nativa.

“Hemos comprobado cómo la alineación de las ondas cerebrales ocurre de forma diferente cuando la conversación se realiza en una lengua nativa o en una lengua extranjera. Este estudio nos ha permitido avanzar y  demostrar que la sincronía cerebral depende del contexto lingüístico”, explica Alejandro Pérez, responsable del estudio. “En concreto, lo que ocurre es que las áreas cerebrales que mejor se acoplan entre los dos cerebros son distintas cuando se usa una lengua extranjera o una nativa”, añade el investigador.

Tras el primer estudio realizado en 2017 que tuvo una amplia aceptación en la comunidad científica, este nuevo descubrimiento plantea, según explica el investigador, muchas interrogantes y nuevas líneas de investigación de gran interés en el ámbito de la neurociencia.

“Entre otros aspectos, este nuevo hallazgo implica reconocer que la demanda que nos plantea el hablar una lengua extranjera hace que nuestros cerebros se alineen de una forma diferente para poder entender a nuestro interlocutor. Es decir, los cerebros de dos personas que hablan en una lengua extranjera establecen un vínculo neuronal diferente al que establecen cuando emplean su lengua nativa, con el único objetivo de entender al interlocutor”, asegura.

Aunque no están todavía claras las razones concretas por las que este hecho ocurre, los responsables del estudio apuestan principalmente a que se deba a las denominadas estrategias atencionales conjuntas, un fenómeno emergente en las actividades interpersonales que es esencial para codificar y procesar la información de forma coordinada, y que sería específico para cada lengua.

“Cuando una conversación se lleva a cabo en la lengua nativa, ambos interlocutores atienden a la conversación de una forma más global, centrándose en las oraciones y el contenido global del mensaje. Sin embargo, cuando la conversación se realiza en una lengua extranjera, nuestros recursos atencionales se centran principalmente en otros niveles lingüísticos que resultan complejos para las personas no nativas, como son los fonemas y las unidades léxicas, es decir, los sonidos y las palabras”, explica el investigador Jon Andoni Duñabeitia, coautor del estudio. “En este último contexto comunicativo necesitamos reconfigurar nuestras estrategias atencionales para entendernos mutuamente y eso puede tener relación directa con la diferencia en las áreas que se acoplan durante la conversación”, propone.

El experimento

El estudio, que se llevó a cabo en las instalaciones del BCBL, contó con la participación de un total de 60 voluntarios. Al igual que en el primer experimento, los investigadores situaron, separadas por un biombo, a parejas de personas del mismo sexo, que no se conocían entre sí y con edades y características demográficas similares.

Siguiendo un guion, las parejas entablaban una conversación de temática general. A través de la electroencefalografía, una prueba no invasiva que analiza la actividad eléctrica del cerebro, los científicos midieron la actividad de las ondas cerebrales simultáneamente.

Durante la prueba los participantes alternaron el uso de su lengua nativa, y una lengua extranjera en la que se desenvolvían con un nivel competencial suficientemente bueno. Es decir, mantuvieron conversaciones unas veces en español y otras en inglés.

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