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El último videoclub de Donostia se rinde

Fotos: Santiago Farizano
14 Dic.20
Por: Jon Pagola Galardi
Tiempo de lectura: 3 minutos
Videonet, en el barrio de Gros, pone a la venta todas sus películas y se transforma definitivamente en tienda de golosinas

Revisa la información en el ordenador. No puede ser verdad. O sí. Efectivamente: son un total de 17.573 socios. “Casi tantos como los que tiene la Real, pero los míos no son tan fieles”, apunta Iñigo Arricaberri, de 46 años. “Algunos habrán cogido dos películas en toda su vida, otros habrán llegado a las 800 fácil”. Ayer mismo se alquilaron un par en este videoclub del barrio de Gros, el último de sus características en Donostia: El Faro y la nueva versión de Dr. Doolitle, ambos a un precio de 2,10 euros por coincidir con el día del espectador. Normalmente, alquilar una película al día en Videonet cuesta 3 euros y hay bonos de 10 y hasta 20 películas, a 25 y 40 euros respectivamente. “Es más barato que en las plataformas online”, subraya Iñigo.

Ubicado en la calle Secundino Esnaola, a la altura de la plaza del Txofre, el videoclub abrió sus puertas en junio de 2001. Según cuenta, empezaron tres socios al frente del negocio. Al stock de películas le añadieron varias estanterías de chucherías y se les ocurrió implantar un pionero sistema a domicilio que, hoy en día, nos resulta muy familiar. “Sabíamos que en Salamanca funcionaban así. Allí hay muchos universitarios. Tráeme tal peli y te paso la lista de chuches. Una moto te llevaba tu pedido a casa y listo”, recuerda. Cuando la piratería arreció en el mercado decidió tirar por cine más independiente, “de autor” porque, según cuenta, “no se pirateaba”.

Las estanterías reservadas a las chucherías fueron ganando terreno y el cine cedió más y más espacio. Con la pandemia el negocio, muy debilitado, ha terminado por derrumbarse. “Echas cálculos y ves que me estoy gastando más en adquirir películas que lo que saco alquilándolas. Como mucho, me quedo a la par”, explica Iñigo, que lleva puesta una camiseta negra del café Waffle de la Zurriola, su otro negocio. “Durante el confinamiento mucha gente se ha suscrito a las plataformas de cine y, claro, frente a la comodidad de estar en casa poco podemos hacer. Es lo que tiene”. Y tomó una decisión que no tiene vuelta atrás: desde verano no compra cine. Solo vende. Está liquidando las existencias del videoclub.

La operación empezó el año pasado: puso las novedades en venta a 6 euros y el resto a 4. No le ha ido nada mal, pasando de unas 7.000 unidades a 2.500. Compra mucho coleccionista y los géneros más demandados son el terror y el cine infantil. La comedia no funciona porque, asegura el vendedor, “una vez que ya la has visto no te hace gracia”. Del mostrador saca un cuaderno con decenas de nombres de clientes apuntados y, justo al lado, va un título asignado. “Son las películas que tengo apalabradas con la gente; como ves, la lista es larga”, subraya.

Hace dos años se convirtió en un punto de recogida de SEUR. Definitivamente, los dulces y los envíos por mensajería se quedan; el videoclub agoniza, cuenta ya sus últimos meses, si las ventas se multiplican serán semanas. Extinguido EuskalBideo en 2017 y, si exceptuamos la Casa del Duende de Intxaurrondo, con un cajero 24 horas en su exterior, ya no habrá otro negocio igual en toda la ciudad. Un repartidor entra a la tienda. De la carretilla desliza una montaña de cajas y paquetes que termina apilada a la altura del mostrador.

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