Hitos

Eureka! Zientzia Museoa cerrará a finales de junio

ATENEA, el nuevo proyecto de Kutxa Fundazioa, abrirá en 2027 en Tabakalera

Eureka Zientiza Museoa medidas seguridad 3 Eureka! Zientzia Museoa cerrará a finales de junio
Foto: Eureka! Zientzia Museoa

Kutxa Fundazioa ha comunicado que Eureka! Zientzia Museoa cerrará a finales de junio, dentro del proceso de transformación estratégica iniciado en 2021 y presentado en 2024. La entidad subraya que se trata del cierre de una etapa y no de un traslado. Y que ATENEA, el nuevo proyecto que estará situado en Tabakalera, abrirá sus puertas en 2027.

Eureka! Zientzia Museoa, que durante 25 años ha acercado la ciencia a generaciones de escolares y familias en Gipuzkoa, ha sido un proyecto de referencia, como reconoce Kutxa Fundazioa en un comunicado. No obstante, la fundación considera que el modelo expositivo presenta limitaciones para conectar con públicos más diversos y generar experiencias de aprendizaje más continuadas.

«En un contexto en el que la divulgación científica evoluciona hacia modelos más conectados, participativos y apoyados en la tecnología, Kutxa Fundazioa apuesta por adaptarse a estas nuevas dinámicas», añade la entidad, que deja claro que el proceso no implicará recortes de plantilla, según informa Kutxa Fundazioa en su comunicado.

El equipo del museo ya está en proceso de integración en la actividad general de la fundación, garantizando la continuidad del conocimiento y la experiencia acumulada. Sobre los futuros usos del espacio actual, la entidad informará más adelante.

Llega ATENEA

En paralelo Kutxa Fundazioa impulsará ATENEA, un nuevo espacio de conocimiento y divulgación que verá la luz en 2027 y que se enmarca en su actual plan estratégico. El proyecto, con presencia en Tabakalera, aspira a convertirse en el eje de un nuevo ecosistema orientado a integrar disciplinas, creatividad y pensamiento crítico mediante modelos más contemporáneos y conectados con la sociedad.

ATENEA se concibe como un entorno que combinará ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas (STEAM) desde una perspectiva interdisciplinar, con formatos más flexibles, participativos y colaborativos. Su desarrollo, siempre según Kutxa Fundazioa, se ha apoyado en el asesoramiento de expertos y en el análisis de referentes tanto locales como internacionales en ámbitos como la divulgación científica y los espacios de conocimiento.

«El nuevo modelo situará el aprendizaje intergeneracional en el centro, fomentando el diálogo entre generaciones y promoviendo una circulación del conocimiento en múltiples direcciones. El objetivo es avanzar hacia una sociedad más participativa, en la que la experiencia y la innovación se complementen», dice la entidad.

Desde este enfoque, se propone abordar fenómenos complejos —como el cambio climático— desde distintas perspectivas: desde la ecología hasta las soluciones tecnológicas, el análisis de datos o la comunicación a través de las artes y las humanidades. Esta visión busca ofrecer una comprensión más completa de la realidad y dotar a la ciudadanía de herramientas para interpretar y actuar en su entorno cotidiano.

Síguenos en nuestro canal de WhatsApp o apúntate a nuestro newsletter para recibir las principales noticias de la semana

Una respuesta a «Eureka! Zientzia Museoa cerrará a finales de junio»

  1. Avatar de María Paloma Martínez Goñi
    María Paloma Martínez Goñi

    ARQUITECTURAS QUE CUIDAN: LA MEMORIA DE EUREKA!
    Hay cierres que no son solo administrativos. Son simbólicos. Y el de Eureka! Zientzia Museoa es uno de ellos.
    Siento una tristeza difícil de explicar al leer la noticia del cierre definitivo, tantas veces anunciado y tan temido, del Museo de la Ciencia de Miramón. No desaparece solo un edificio, sino una parte de la vida de muchas personas que trabajamos en él desde sus orígenes.
    Quienes hoy hablan de “cambio de modelo” o de “evolución hacia formatos más contemporáneos” deberían recordar —o al menos reconocer— cómo nació realmente este museo. No fue una idea abstracta ni una estrategia cultural diseñada en un despacho. Fue el resultado del trabajo, la ilusión y el compromiso de muchas personas que creyeron en la necesidad de acercar la ciencia a la sociedad de forma viva, tangible y profundamente emocionante. Su sueño se hizo realidad y con ello la posibilidad de que la ciencia se sintiera, se tocara y se viviera para poder ser realmente comprendida.
    Los fundadores no siempre son los que luego aparecen en la foto. Este tipo de proyectos no nacen en un despacho, sino en una red de personas con visión, como raíces bajo tierra que nadie ve… pero sin las cuales no hay árbol.
    Por eso me sorprende y me duele leer ciertas versiones sobre el origen del proyecto. Los verdaderos impulsores del Museo de la Ciencia no fueron únicamente las figuras que hoy se mencionan, sino un grupo de profesionales comprometidos con la divulgación científica y cultural, entre ellos personas que trabajaron con ilusión, convicción y enorme dedicación para que este proyecto saliera adelante y convenciera a la Obra Social de Kutxa de su valor.
    Tuve el privilegio de participar intensamente en su construcción, trabajando para el gran arquitecto Joaquín Montero. Durante más de dos años subí casi diariamente desde el centro de Donostia a Miramón para seguir de cerca una obra compleja, exigente y, en muchos momentos, profundamente difícil. Pero también fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida profesional.
    De Joaquín aprendí lo que significa ejercer la arquitectura con rigor, sensibilidad y compromiso. Su capacidad artística, unida a una sensibilidad extraordinaria, nacía de lo más profundo y solo podía admirarse. Tuvimos el privilegio de materializar, junto a aquel equipo impulsor y personas profundamente implicadas de la Obra Social de Kutxa, una idea que hoy sigue teniendo pleno sentido.
    Como toda obra de esta envergadura, el proceso estuvo lleno de dificultades, tensiones y momentos críticos. Hubo errores, conflictos e incluso procesos judiciales que obligaron a defender con rigor y honestidad el trabajo realizado. Precisamente por eso, porque costó tanto levantarlo y exigió tanto esfuerzo colectivo, duele aún más verlo desaparecer.
    En ese edificio no solo hay acero, aluminio, vidrio o instalaciones. Hay algo mucho más importante: una forma de entender el conocimiento. Allí los niños tocan la ciencia, la experimentan, la viven. Y los mayores también. Allí se generan vínculos, curiosidad y asombro.
    Y en él ocurre algo hoy profundamente necesario en una sociedad envejecida: el encuentro entre generaciones. Allí la arquitectura acompaña esa experiencia y la hace posible.
    Sustituir todo eso por un modelo más “flexible”, más “virtual” o más “interdisciplinar” puede ser legítimo como complemento, pero no como reemplazo. No es equivalente. No se puede intercambiar un espacio vivido por una idea, ni trasladar la experiencia corporal, el descubrimiento compartido y el aprendizaje tangible a un formato que prescinde del lugar.
    Se habla de futuro, pero quizá habría que preguntarse qué tipo de futuro estamos construyendo si renunciamos tan fácilmente a espacios que han demostrado su valor durante décadas.
    El cierre de Eureka! no es solo el final de una etapa. Es la pérdida de un lugar donde muchos dejamos nuestro trabajo, nuestra ilusión y, en muchos casos, una parte de nuestra vida.
    Un edificio puede cerrarse.
    Pero la memoria de quienes lo hicimos posible merece ser contada con verdad.
    Y no debería desaparecer.
    Porque no todos los espacios son iguales. Existen arquitecturas que cuidan. Entornos amables que generan vínculos entre quienes los habitan, aunque sea durante unas horas. Lugares donde el conocimiento no se impone, sino que se descubre.
    El Eureka! Zientzia Museoa sigue siendo hoy uno de ellos. Un espacio donde el objeto científico no se contempla a distancia, sino que se toca, se escucha y se mira de cerca. Donde el aprendizaje pasa por el cuerpo y por los sentidos: la vista, el oído, el tacto… incluso, en cierto modo, el olfato, esa memoria invisible que también forma parte de la experiencia.
    Y sin embargo, ya sabemos que su cierre está decidido.
    Tras la pandemia, algunos de esos gestos —tocar, acercarse, compartir— se han vuelto más frágiles. Pero precisamente por eso, porque sabemos lo que significa perderlos, deberíamos cuidarlos aún más, no sustituirlos.
    Porque hay aprendizajes que no ocurren en lo virtual.
    Ocurren cuando una mano duda, prueba, se equivoca… y comprende.
    Y eso también es arquitectura.
    Arquitectura que cuida.
    Por eso, este no es solo un cierre.
    Es, como al principio, un gesto profundamente simbólico.
    Y precisamente por eso… no deberíamos aceptar que pase desapercibido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Kutxa Fundazioa