Estaba sobradamente anunciado que este Santo Tomás sería pasado por agua y, por ello, el ambiente de este domingo fue más madrugador de lo habitual. Para las once de la mañana muchas familias habían recorrido ya la feria, con parada obligada en la cerda de la Plaza de la Constitución, y en la Plaza Okendo, donde los animales lanudos y cornudos son siempre el principal reclamo infantil.
A las 11.25 horas comenzó a llover con intensidad y, a partir de ese momento, coincidiendo con la salida de las cuadrillas, los bares se llenaron. Visto lo visto a esa hora muchos optaron por regresar a casa: la parada del autobús 28 en la calle Urbieta se convirtió en una escena de frustración reiterada para quienes veían pasar los vehículos que llegaban completos desde el Boulevard.
Pese a ello, ni la lluvia ni el viento lograron deslucir del todo la mañana. Las colas para los talos no aflojaban y seguían sumando metros convirtiendo este Santo Tomás en una pequeña odisea meteorológica.
Aun así no faltaron a la cita los trajes de baserritarra, ni las txistorras, ni las largas colas que, incluso bajo la lluvia, siguieron marcando el pulso de la fiesta. Además por la tarde mejoró el panorama: llovío mucho menos, pero se notó más el frío. Pese a todo la mayoría de la ciudadanía donostiarra estuvo en las calles.



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