La villa Gure Baitha, situada en el número 39 del Paseo de la Fe, en Miraconcha, ha desaparecido. El edificio, construido en 1913 y protegido por el Plan Especial de Protección del Patrimonio Urbanístico Construido (PEPPUC), fue completamente derribado este jueves, como desenlace de una sucesión de acontecimientos que incluye una licencia procedente de 2018 (obtenida por silencio administrativo), la posterior protección del inmueble y una orden municipal de suspensión in extremis que no ha llegado a impedir su demolición.
Desde Áncora explican a DonostiTik que «las cosas se han sucedido bastante rápido»: «El inicio del derribo, la petición de paralización, el decreto de suspensión y el desenlace final».
El origen del conflicto se remonta a 2018, cuando la promotora BERME 2007 S.L. solicitó la licencia de derribo, obtenida por silencio administrativo, según la asociación.
Tres años después, en 2021, Gure Baitha fue incorporada al PEPPUC con grado de protección D. La propiedad recurrió su inclusión, pero el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco rechazó el recurso y confirmó la validez de la protección, siempre según la información facilitada por Áncora.
La situación dio un nuevo giro el pasado 26 de mayo, cuando el Ayuntamiento autorizó la ejecución del derribo sin que Gure Baitha hubiera sido previamente descatalogada. Áncora calificó entonces la situación de «anómala», al considerar que se permitía demoler un inmueble mientras continuaba vigente una ficha urbanística que establecía su conservación.
Del inicio de las obras a la orden de suspensión
El capítulo final del derribo comenzó el pasado 17 de agosto. Al día siguiente, Áncora presentó un escrito ante Urbanismo solicitando la paralización inmediata de los trabajos mediante la aplicación del artículo 211.3 de la Ley de Suelo y Urbanismo del País Vasco.
Según informa ahora la asociación, el 19 de agosto el Ayuntamiento acordó «suspender en su totalidad las obras de derribo» como medida cautelar y ordenó notificar inmediatamente la resolución al promotor y a la Unidad de Control de Ordenanzas Municipales (UCOM).
Sin embargo, los trabajos se reanudaron el jueves 20 y, en apenas tres horas, entre las 8.00 y las 11.00 horas, la empresa encargada de la demolición culminó el derribo. Áncora afirma que, cuando la Policía Municipal se personó en el lugar, la villa ya había sido completamente arrasada.
Áncora habla de «negligencia municipal»
Tras el desenlace, Áncora atribuye lo ocurrido a «la negligencia municipal y a la actuación de los promotores». La asociación critica que las obras comenzaran sin que el Ayuntamiento actuara de oficio para impedir la desaparición del inmueble y que la suspensión llegara después de iniciado el derribo y tras la petición presentada por el propio colectivo.
Áncora muestra su «profunda indignación» y anuncia que exigirá que se depuren «todas las responsabilidades». Reclama además una «respuesta contundente» frente a los responsables materiales de la demolición y la promotora y sostiene que «la vulneración de una orden de suspensión no puede saldarse con una sanción que convierta la destrucción de un edificio protegido en un simple coste asumible de la operación».
La asociación considera la desaparición de Gure Baitha una «pérdida crítica», especialmente por su ubicación en un entorno que considera sensible desde el punto de vista de la percepción urbana.



Deja un comentario