Entrevista

Miguel Martín deja el Jazzaldia tras casi 50 años y defiende un relevo sin tutelas

El histórico director del festival donostiarra apuesta por una ‘mirada nueva’ y pide no condicionar a su sucesor

Miguel Miguel Martín deja el Jazzaldia tras casi 50 años y defiende un relevo sin tutelas
Miguel Martín. Foto: Santiago Farizano

San Sebastián, 22 mar (Ana Burgueño/EFE).- Miguel Martín se incorporó al Festival de Jazz de San Sebastián con 22 años y se desvinculará de él este mes de abril al cumplir 70. Casi medio siglo, cuya mayor parte la ha ejercido como director. Cree que vendrá bien una «mirada nueva» y recomienda a su sucesor que le escuche lo menos posible, aunque él estará ahí para responder a lo que haga falta.

Martín recibió a EFE este pasado lunes en su despacho de Donostia Kultura, donde había recogido prácticamente todas sus cosas, ya que este miércoles fue su último día en ese espacio ubicado en el teatro Victoria Eugenia. Deja un nutrido currículum, con el que puede presumir de haber traído a su ciudad a muchas de las grandes leyendas del jazz y a nombres emergentes que están ya en lo más alto.

Cuando regrese de unos días vacaciones que ha iniciado este puente, se colocará al otro lado del cristal, en la zona común, durante el tiempo que resta hasta el 61 Jazzaldia, el próximo mes de julio, para hacer una transición «dulce» junto al nuevo director, que saldrá de un concurso público aún pendiente de resolución.

¿De no ser obligada su salida, que marca la Ley de Empleo Público Vasco, habrías seguido hasta redondear esos 50 años?

Hace no mucho seguía pensando en que tenía ganas y capacidad para continuar en el festival. Pero si alguien me dijese ahora que me tengo que quedar un año o dos más, me costaría mucho dar marcha atrás.

Siempre ha dicho que el Festival no te debe nada, sino al contrario, pero ¿cuál es tu legado?

Me ha hecho feliz el trabajo en sí mismo.

No sé si lo dejo como impronta, pero hay cosas que creí absolutamente necesarias. Por una parte, hacer un festival para la ciudad, aunque hubiese público de 40 países, y por otra, dejar para mi casa el jazz que me gusta, las radicalidades jazzísticas. La gente a veces piensa que eres valiente porque programas música complicada, pero no, lo que es difícil es programar a Village People y aguantar el tirón. Tratar de conseguir que sea un festival de jazz mientras abres la puerta a esas otras músicas.

¿Le han afectado las críticas por incluir ese y otros nombres en la programación?

Al principio, siempre, hasta que conseguimos convencer a muchísima gente de que el escenario de la playa era necesario pese a no ofrecer jazz ni nada parecido. Esa batalla se ganó.

Sin embargo, seguimos sin reivindicar la época del velódromo, la de los años 80, que fue nefasta para el festival, pero cuando uno mira las programaciones es todo lo contrario. El lugar sería inadecuado, pero la programación era maravillosa, con jornadas en las que teníamos a Stan Getz y Dexter Gordon juntos, a Don Cherry y Miles Davis juntos.

¿Cómo ha cambiado el Jazzaldia desde tu incorporación en 1978?

Éramos un grupo de chavales que poníamos nuestro entusiasmo más decidido para que aquello saliese bien. Varios nos hicimos profesionales y luego se fue juntando gente que todavía tiene mucho camino por delante, que aprendieron de nosotros y que han consolidado un equipo fantástico.

¿Cuáles han sido sus decisiones más importantes?

Siempre había tenido claro que había que buscar un escenario en la playa y cuando se supo que el Kursaal iba a ser uno de los recintos del festival, decidimos que había que ir a La Zurriola. Fue una buena decisión.

También cuando en abril de 2020 acordamos que ese año iba a haber edición (pese a la pandemia).

¿Qué momentos han sido los más gratificantes en estas casi cinco décadas?

El decir al final del festival: ‘se ha acabado y ha acabado bien’. Son momentos irrepetibles. Me ha sucedido en un 60 o 65 % de las ocasiones al terminar una edición.

¿Y qué conciertos no olvida?

El de Art Pepper de 1981 en el velódromo fue absolutamente extraordinario. Y la emoción de tener a Miles Davis en tres ocasiones, sigo sin creérmelo, es difícil encontrar a otros fenómenos musicales como él. Esas experiencias fueron extraordinarias, pero hay muchas más, como los conciertos de Stan Getz y Dexter Gordon en 1987.

¿Quiénes se le han resistido?

Hubo una época en que intenté traer como fuera a Sting, que ya había venido al festival como Gordon Sumner. Tuve conversaciones interminables con su agente durante dos años para nada. Al final, dije: ‘se acabó’. Con el tiempo le quitas importancia y piensas que él se lo ha perdido.

¿Qué consejos dará a su sucesor?

Voy a estar aquí con la idea de responder a preguntas. Una de las cosas buenas que puede tener un cambio en la dirección del festival es que, independientemente de que ahora veamos fallos apreciables en el esquema del Jazzaldia, sí que una mirada nueva puede descubrir cosas que no estamos viendo.

Cuanto menos influya yo en la persona que va a sentarse aquí, sobre todo partiendo de la base que le he dejado el festival prácticamente montado, mejor. Será bueno para quien llegue que me escuche lo menos posible.

¿Se ha resentido el Jazzaldia con la proliferación de festivales de música en verano?

Siempre es posible encontrar ventajas allá donde creías que ibas a tener inconvenientes. Ahora no es levantar la mano y decir ‘yo quiero este y este’. Tienes que competir. Pero, por otra parte, hay tal cantidad de demanda que hay muchísimos más músicos que están en la carretera y pueden venir a San Sebastián.

Ha cambiado el hábitat, pero seguimos siendo muy importantes, hay músicos en la programación de este año que vienen a San Sebastián y no quieren ir a ningún otro festival en el Estado. Y los hay que vienen a San Sebastián y después miran si hay otra oportunidad de trabajo en España.

¿Ha pensado en escribir un libro sobre todo lo vivido?

Tengo el convencimiento profundo de que no le interesa a nadie realmente. Puedo recordar como lo viví con 22 años, pero si tengo que hacer el recuento de todo lo que me pasó en aquel festival en 1978 me costaría muchísimo, aunque lo tendría claro porque fue el primero, con el número 20 ya no, y me da mucha pereza sistematizar todo eso. 

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