El episodio con las carabelas portuguesas registrado este miércoles en las playas, aunque «llamativo», no es el primero de la temporada ni una situación aislada, según recuerdan fuentes municipales, que subrayan que su presencia se ha convertido en algo relativamente habitual durante las últimas semanas.
El Ayuntamiento explica que los ejemplares detectados hasta ahora son, por lo general, pequeños, con un diámetro inferior a diez centímetros. En estos casos, las picaduras suelen ser leves y, como norma general, no obligan a cerrar las playas.
Precisamente por ello, el protocolo municipal tiene en cuenta no solo el número de carabelas detectadas, sino también su tamaño. Cuando aparecen ejemplares pequeños, habitualmente de entre dos y diez centímetros, son los socorristas quienes valoran la situación y, salvo que exista un riesgo mayor, se mantiene la bandera amarilla junto con la bandera de medusas.
La bandera roja queda reservada para los casos de mayor riesgo. El baño se prohíbe cuando se detectan diez o más carabelas grandes en Ondarreta, quince o más en La Concha o Zurriola, o dos o más en la isla de Santa Clara. También puede izarse si se produce una picadura de tipo «latigazo» y se observan más ejemplares o no es posible retirar el animal causante.
Además, las playas son reevaluadas como máximo cada dos horas, aunque ese intervalo puede reducirse si las condiciones cambian. Los socorristas pueden adaptar en cualquier momento el color de la bandera en función de la evolución de cada episodio.



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