Crisis internacional

Redes de pesca recogidas en Euskadi se convierten en ‘salvavidas antidrones’ en Ucrania

La asociación Ucrania-Euskadi ha enviado ya cuatro camiones con toneladas de material recogido en Hondarribia y Bermeo

Red pesca 3 Redes de pesca recogidas en Euskadi se convierten en ‘salvavidas antidrones’ en Ucrania
Redes de pesca. Foto: Santiago Farizano

San Sebastián, 23 feb (Carlos López Izquierdo-EFE).- El 24 de febrero de 2022 Rusia invadió parte de Ucrania mientras toneladas de redes de pesca en desuso acumulaban polvo en los puertos de nuestro país. Nadie imaginaba entonces que cuatro años más tarde aquellas viejas mallas se iban a convertir en ‘salvavidas antidrones» en el frente de guerra ucraniano.

Tampoco lo pensaban Natalya y Yuliya. Aquel día las vidas de estas voluntarias de la asociación Ucrania-Euskadi instaladas desde años en San Sebastián cambiaron para siempre.

Unas pocas horas bastaron para aparcar la actividad de integración sociocultural de su asociación y , junto al resto de sus 40 miembros, centrarse en dar respuesta a las innumerables peticiones de ayuda humanitaria que desde Ucrania comenzaron a colapsar sus teléfonos y correos electrónicos.

Ola de solidaridad

Su respuesta fue inmediata y, fruto de la ola de solidaridad recibida, cuatro ambulancias, un hospital portátil para cirugías de campaña, un generador «enorme» y un camión lleno de comida partieron desde el País Vasco rumbo a Ucrania.

«De las ambulancias ya no queda ninguna. Donde se necesitan es en el frente para evacuar heridos y allí los bombardeos son continuos», se justifica Yuliya en un correcto español al que sin embargo todavía le falta algún recurso cuando se emociona.

Casi medio centenar de camiones con todo tipo de ayuda humanitaria, desde camas de hospital, hasta estufas y gafas de visión nocturna han seguido el mismo camino en los cuatro últimos años.

 Un día, uno de los mensajes que suelen recibir desde su país en agradecimiento por estos envíos llamó especialmente la atención de Natalya.

Los receptores de un convoy de ropa de algodón se excusaban por no haberla destinado a vestir personas y por utilizarla para ocultar las redes que protegían de los drones algunos emplazamientos ‘sensibles’ a estas armas ‘kamikaze’ en Ucrania. Era invierno y las prendas blancas les sirvieron de camuflaje con la nieve.

«Nos preguntaron si podríamos enviarles redes y les respondimos que aquí había un montón de puertos y que podríamos preguntar», relatan Natalya y Yuliya, quienes más tarde descubrieron que estas mallas también sirven de barreras para que los drones no puedan impactar en sus objetivos.

«Son unas armas terribles. Cuando cae uno, la mitad de una torre se desmorona. Y, en el frente, los drones kamikaze buscan a los soldados escondidos y los matan», detalla Natalya.

«Otros -añade afectada Yuliya- se quedan quietos, posados junto a una carretera, se activan con el movimiento y cuando pasa un vehículo se lanzan contra él para hacerlo explotar».

Alentadas por la posibilidad de evitar estos daños, contactaron con la asociación ucraniana Viche de Asturias y, con su ayuda, hasta el pasado 31 de enero ya han enviado a su país cuatro camiones con toneladas de redes procedentes de puertos del Principado, de Bermeo (Bizkaia) y de Hondarribia, a cuyos responsables se muestran muy agradecidas.

Es un trabajo ímprobo porque hay que recogerlas en los puertos, limpiarlas, empaquetarlas y cargarlas en los transportes para Ucrania y por ello suelen pedir colaboración en las redes sociales.

«Parece mentira y a la vez resulta un poco triste que una red de pesca te salve la vida, pero en Ucrania hoy en día así es», se resignan Natlya y Yuliya, animadas no obstante por las imágenes de agradecimiento que en una ocasión un grupo de soldados les mandaron desde el frente.

Carga explosiva

Un dron con una carga explosiva colgaba de una de una gran red de pesca a la entrada de una trinchera y un grupo de combatientes les daba las gracias por haberles «salvado la vida». «Lo vimos y nos pusimos a buscar redes aún con más entusiasmo», recuerdan estas «hormigas» acostumbradas a mover «piedras como casas», según ellas mismas se definen.

Supuso una gran alegría para todos los miembros de la asociación, presionados por la responsabilidad de mandar ayuda «a casa» y afectados por un estrés que a algunos incluso les ha hecho perder pelo, desvela Natalya tras unas gafas de pasta negra que disimulan sus propias cejas aún sin vello.

Tal vez por ello, el almacén de la asociación está ya nuevamente lleno de redes para un nuevo envío al que sólo le falta la financiación.

Mandar un camión cuesta entre 5.000 y 6.000 euros y la solidaridad con Ucrania no es tan grande como en los primeros momentos. «La gente se enfoca en una guerra y se olvida de otra», resume resignada Yuliya.

«No hay una guerra mejor ni otra peor. No hay víctimas mejores ni peores, pero esto parece una moda y es algo que nos duele», señalan.

«La moda de Ucrania no duró medio año», se entristece Natalya, quien sin embargo no pierde la esperanza de encontrar cuanto antes otro camión para enviarlo rápidamente a Ucrania. Un país en guerra con kilómetros y kilómetros de carreteras cubiertas por redes que salvan vidas. 

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