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Naturaleza

Un flamenco con un ala rota murió días después de su rescate en Txingudi

Flamenco herido
El flamenco de trágica suerte, ya con el ala rota. Foto: Santiago Rebordinos.
28 Sep.20
Por: C. F. / Redacción
Tiempo de lectura: 3 minutos
Archivado en:
El ejemplar de esta valiosa especie, nada común en la costa cantábrica, fue traslado a la finca Arizmendi de la Diputación, pero no comía y terminó falleciendo

(foto de portada: Santiago Rebordinos)

La presencia de flamencos en nuestra tierra es una noticia biológica de primer orden: apenas hay citas anteriores de esta singular y reconocible especie en toda la costa Cantábrica.  Pero en las últimas semanas, “un montón de ejemplares distintos” han sido observados en varios puntos del norte peninsular. Y también en Gipuzkoa, como en Plaiaundi o Zarautz, explica el técnico Mikel Etxaniz, de Ekoetxea Txingudi. Todos ellos son juveniles nacidos esta misma primavera, ya autónomos en sus movimientos, pero sin los clásicos tonos rosas de los adultos. Por desgracia, uno de ellos ha vivido realmente poco: herido en un ala, tuvo que ser rescatado por el propio Etxaniz, y finalmente murió en la finca Arizmendi de la Diputación.

Este flamenco de trágica suerte formaba parte de un grupito de tres individuos que aparecieron en Txingudi hace un par de semanas, por lo que se corrió la voz entre los ornitólogos y “se llenó de observadores”. Pero enseguida, el malogrado ejemplar se rompió el ala tras sufrir un percance desconocido. Durante varios días, los técnicos comprobaron que seguía alimentándose, pero un ave sin ala no tiene futuro alguno en la naturaleza, así que trataron de capturarlo para que fuera tratado.

No fue fácil, confirma Etxaniz. Cuando los humanos se le acercaban, el flamenco huía buscando el agua. Finalmente, “coincidiendo con una pleamar muy importante”, quedó arrinconado en la zona hondarribitarra del gran espacio natural, y él mismo consiguió atraparlo (véase foto). La Diputación de Gipuzkoa es la competente para el cuidado de animales salvajes accidentados, y en sus manos quedó. Sin embargo, según confirman desde el ente foral, el flamenco terminó muriendo la semana pasada.

Txingudi flamenco

Mikel Etxaniz, con el flamenco rescatado en brazos. Foto. Ekoetxea Txingudi.

Aunque desde fuera el destino más normal parecería el centro de recuperación de fauna silvestre Arrano Etxea de Igeldo, terminó en la finca Arizmendi de Urnieta. Según explican desde la Diputación, el servicio de recuperación de aves se quiere trasladar progresivamente allí. El problema es que “no comía”, y aunque se compró “alimento especial” para la también muy especial y delicada ave, “estaba en mal estado” y murió este valioso ejemplar, que dada su grave lesión tenía pocas posibilidades de poder volver a vivir en libertad.

El confinamiento y la expansión
¿Por qué los flamencos se pasean por el Cantábrico justo en 2020? Se ha hablado de que todo parte de que el confinamiento ha evitado muchas molestias a la especie en las zonas de reproducción más próximas, situadas sobre todo en la costa mediterránea (Málaga, Alicante, el Delta del Ebro, la Camarga francesa…), derivando en una temporada de cría con “unos resultados tremendos”, confirma Etxaniz.

Flamencos volando

Flamencos juveniles volando en la costa gipuzkoana. Foto: Eneko Azkue.

Por tanto, este año hay muchos más juveniles en dispersión, tendencia habitual en muchas especies de aves, que se toman una especie de ‘erasmus’ por lugares insospechados hasta que vuelven a los más propicios para cada variedad. Así, habiendo más candidatos, también hay más posibilidades de que algunos se aventuren por lugares extraños para ellos. “Puede que sea una de las explicaciones más plausibles, pero nadie lo puede asegurar”, señala Etxaniz.

Otras voces creen que puede estar influyendo un fenómeno más general como el cambio climático, que haría más amable el clima del Cantábrico, por tanto más parecido al del Mediterráneo. Pero según el técnico, “es muy difícil sacar conclusiones” tan tajantes; de momento estamos hablando de un solo año de presencia de flamencos. Y en la ciencia, el rigor y la base sólida es capital.

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