Entrevista

Asun Domínguez: «El espejo nos mata»

La patronista y profesora donostiarra presenta 'Encuentra tu estilo (Manual para sacarte partido a partir de los 50)' un libro nacido de cuarenta años de experiencia que cuestiona la “esclavitud de la talla” y anima a las mujeres a ganar seguridad en sí mismas

XE3S1554 Asun Domínguez: «El espejo nos mata»
Asun Domínguez en su taller en Amara Berri. Foto: Santiago Farizano

Cuando Asun Domínguez publicó Encuentra tu estilo (Manual para sacarte partido a partir de los 50) no esperaba encabezar las ventas en Amazon ni agotar 70 ejemplares en media hora durante una firma en la Feria del Libro de Madrid. Patronista industrial de profesión y fundadora de una escuela de costura que reúne a unas 180 alumnas -y a cinco hombres-, esta donostiarra de 62 años se ha convertido también en una divulgadora seguida por miles de personas en redes sociales. Ahora reúne en un libro cuarenta años de experiencia observando cómo las mujeres se relacionan con su cuerpo, su ropa y su imagen.

El libro está funcionando muy bien. ¿Lo esperaba?

No. Para nada. En la Feria del Libro de Madrid me asignaron una hora para firmar. Era sábado, estábamos a 35 grados y pensé: «Aquí no va a venir nadie». Pero tuvieron que poner vallas. Había 45 minutos de espera y en media hora se acabaron 70 libros. La editorial tampoco se lo esperaba.

¿Las redes sociales tienen mucho que ver?

Claro. Todo tiene que ver. Tengo 62 años y me he tenido que poner las pilas. Durante la pandemia empecé con la formación online y se creó una comunidad enorme. Ahora mismo tengo muchas alumnas aquí, pero online tengo cinco veces más.

Su trayectoria también es una historia de reinvención.

Sí. Yo soy patronista industrial de toda la vida. Estudié en Barcelona, también en Italia, y trabajé durante años en el sector. Pero llegó la crisis, cada vez se fabricaba más fuera y la profesión se iba perdiendo. Entonces decidí abrir una escuela. Todo el mundo me llamaba loca. Me decían: «¿Quién va a querer aprender a coser con lo barata que está la ropa?». Pero yo tenía mucho conocimiento acumulado y pensé que podía transmitirlo.

A los dos meses tuve que dejar el trabajo de patronaje y dedicarme exclusivamente a la formación.

¿Quiénes son sus alumnas?

Tengo unas 180 alumnas de media. Hombres, cinco. Hay chicas muy jóvenes y también mujeres que ya tienen la vida organizada y buscan tiempo para ellas. Las de cuarenta son las que menos aparecen porque suelen estar en plena crianza.

¿Por qué un libro para mujeres de más de 50 años?

Porque es mi público. Porque soy yo. Antes de escribirlo envié una encuesta de 50 preguntas y me respondieron 300 mujeres en apenas 24 horas. Quería confirmar lo que ya me contaban durante las clases: cómo se vestían, qué relación tenían con su cuerpo, qué les frenaba a la hora de comprar o qué problemas tenían con su armario.

¿Y qué descubrió?

Que muchas mujeres no saben qué cuerpo tienen, no saben por dónde empezar y terminan poniéndose siempre lo mismo. Aprender a vestir también requiere práctica. Igual que aprender a cocinar. Pero cuando se trata de mirarte a ti misma aparece un freno enorme.

Usted afirma que “el espejo nos mata”.

Porque es verdad. Te miras al espejo y piensas: Esta no soy yo. ¿Dónde está aquella mujer que yo conocía? La que tenía cintura, la que no tenía celulitis, la que no tenía la carne colgando. Y la realidad es que han pasado los años.

Lleva cuarenta años trabajando con mujeres. ¿No hemos ganado seguridad a lo largo de este tiempo?

No. Y eso es precisamente lo que más me llama la atención. Hace cuarenta años también éramos iguales cuando nos enfrentábamos al espejo. Seguimos teniendo muchas de las mismas inseguridades.

Inseguridad alrededor de la talla, por ejemplo…

La talla es una esclavitud. Hay mujeres que siguen mirando la etiqueta antes que el espejo. Y eso es una locura. Da igual la talla que tengas. No importa lo que pone en la etiqueta. No importa lo que cuelga de la percha. Tú sigues siendo la misma.

He visto clientas que no se probaban una prenda porque era una 42. Decían: «Yo no soy una 42». Y se iban sin comprarla aunque les quedara perfecta.

Hay que mirarse con más cariño. Con el cuerpo que una tiene hoy. Recuerdo una alumna que tenía una tela preciosa y no quería utilizarla porque estaba esperando adelgazar. Y yo le dije: «No. Te la vas a hacer ahora. Porque si no adelgazas también tienes derecho a verte guapa».

Usted habla también de la necesidad de “vestirse con intención”.

Sí. La ropa influye mucho más de lo que creemos. Imagina que te acaban de despedir y vas a firmar el finiquito. ¿Vas a ir en chándal, sin ducharte y derrotada? No. Te arreglas. Te preparas. Y solo ese gesto ya hace que llegues de otra manera. No es magia. Es actitud.

Transmitimos mucho más de lo que pensamos…

Claro, por ejemplo con los colores. Los políticos lo utilizan constantemente. No hay nada al azar. Angela Merkel aparecía casi siempre vestida de azul porque el azul transmite confianza. Y muchas veces detrás de ella también había fondos azules.

La gente no sabe por qué, pero lo percibe. Es como ocurre en los supermercados con la música o con los olores. Todo está pensado.

Con la ropa pasa igual. No sabes exactamente por qué, pero distingues enseguida a una persona derrotada de otra que transmite seguridad.

¿Cómo acabó escribiendo un libro?

Porque me llamaron. Yo no tenía ninguna intención de escribir un libro. Me llamó la editorial La Esfera de los Libros y les dije: «Yo no soy escritora. A mí no me líes». Pero insistieron. Y al final me convencieron. Después vino el trabajo de ordenar cuarenta años de experiencia. Ahí me ayudó muchísimo Yolanda, de la editorial.

Próximamente podremos acudir a la presentación en Donostia con otra ilustre de la moda…

Será el 25 de junio, a las 19 horas, en el Hotel Londres, y estaré acompañada por Contxu Uzkudun, fundadora de Minimil y la primera persona que me dio una oportunidad profesional. Para mí es una de las personas que más sabe de diseño, costura y patronaje.

Este libro, para mí, es un apoyo. Más que otra cosa, es un reconocimiento al trabajo. Y no puedo olvidar que si no hubiera sido por mis compañeras y por todo el trabajo que asumieron mientras escribía, este libro no existiría.

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