Cáritas Gipuzkoa cumple 60 años. DonostiTik.com habla con su secretario general, José Emilio Lafuente, al frente de una entidad con 70 trabajadores y cerca de 900 personas voluntarias, sobre la regularización de personas migrantes, el empleo precario, la vivienda, el sinhogarismo y las nuevas formas de exclusión en Gipuzkoa.
Cáritas Gipuzkoa cumple 60 años. ¿Es motivo de celebración o el resultado de un fracaso colectivo?
En 60 años han cambiado mucho las cosas. La Cáritas de ahora y la sociedad de ahora no tienen nada que ver con las de hace 60 años. Si nos ponemos a pensar en el ámbito de la pobreza, que es el ámbito en el que nosotros más podemos hablar, hace 60 años no había los medios que tenemos ahora.
El tipo de pobreza que había antes tampoco tiene nada que ver con el de ahora. Antes era una pobreza más económica, más material, donde había quizá más falta de bienes de primera necesidad. Lo primero era comer. Ahora, desde luego, también hay situaciones de necesidad muy primaria y muy básica, pero no a ese nivel de pobreza tan extrema.
¿Podemos decir que hoy la gente no pasa hambre?
Efectivamente. Pero sin perjuicio de que sí hay un fenómeno de los últimos años, que es el tema del sinhogarismo, que va en aumento. Ahí sí hay unas necesidades más graves, donde no hay una cobertura de necesidades primarias: alimentación, higiene, ducha, vivienda. Es una pobreza grave y severa.
Estamos en plena regularización extraordinaria de personas migrantes. Ustedes las acompañan en el proceso. ¿Qué balance hacen?
Primero, que la regularización es positiva. Se trata de personas que ya están aquí, entre nosotros, y que hacen muchos esfuerzos por integrarse y salir adelante.
Lo que constatamos es algo que ya veíamos venir: el sistema de extranjería está saturado y muy burocratizado. Para acceder a él se necesita certificado digital o, si no, profesionales que acompañen el proceso. Las personas inmigrantes necesitan apoyo de terceros para poder regularizar su situación. No está resultando sencillo.
Por ejemplo, los plazos previstos no se están cumpliendo. Había un plazo de 15 días para saber si las solicitudes se admitían a trámite, y no se está cumpliendo. Entiendo que es porque la Administración está muy saturada. Esto afecta a las citas, al inicio de los expedientes, a su admisión y, me imagino, también a la resolución posterior.
¿Podemos decir, en ese sentido, que la regularización ha servido para comprobar hasta qué punto está colapsado el sistema?
Sí, aunque nosotros ya lo teníamos detectado. Sabíamos que iba a ser muy complicado porque lo veíamos en el día a día. Conseguir una cita era complicado. Hacer trámites en el portal de extranjería era complicado. Las personas en situación administrativa irregular no pueden pedir un certificado digital. Es la pescadilla que se muerde la cola.
Me parece que dieron la cifra de Gipuzkoa…
Solamente desde Cáritas Gipuzkoa estamos acompañando a unas 500 personas.
Imagino que también observan que, cuando una persona consigue regularizar su situación, cambia mucho su vida.
Sí. Estamos hablando de personas que, desde el punto de vista administrativo y ciudadano, prácticamente no existen, y que además viven con la espada de Damocles de una posible orden de expulsión.
La regularización les da, al menos durante un año, una cierta estabilidad. Porque también hay que recordar que este proceso concede permiso de residencia y de trabajo durante un año. Después hay que renovarlo. Es decir, no es algo indefinido ni resuelve por completo la situación, pero sí supone un paso muy importante.
Entonces, ya solamente la regularización es algo súper positivo para estas personas y lo están deseando, porque realmente la gran mayoría de las personas que han venido aquí lo que quieren es trabajar. Trabajar e insertarse en nuestra sociedad, incorporarse al mercado de trabajo y ser una persona como cualquiera de nosotros.
Aunque ustedes hacen hincapié en que el trabajo no supone la salida de la exclusión…
El empleo que se está generando en nuestra sociedad, como señalan los propios informes, es en muchos casos un empleo precario: con salarios bajos, jornadas parciales o reducidas, entradas y salidas frecuentes del mercado laboral y mucha temporalidad. Por tanto, no es un empleo especialmente estable. No ocurre con todas las personas, obviamente, pero sí con muchas, y especialmente con quienes están en una situación de mayor exclusión o vulnerabilidad.
En los años 70 y 80, el empleo garantizaba salir de una situación de pobreza. Una persona que conseguía un trabajo prácticamente tenía algo para toda la vida, un empleo indefinido, y eso le permitía salir de una situación de pobreza económica.
Hoy el empleo ya no garantiza eso. De hecho, existe el fenómeno de los trabajadores pobres: personas que trabajan, pero que siguen estando en un umbral de pobreza relativa porque sus ingresos son bajos o insuficientes, y tienen que acudir a otras fuentes de apoyo. Ese fenómeno existe. Hoy tener empleo no garantiza no estar en una situación de pobreza relativa o de exclusión.
Y luego está la vivienda…
Tradicionalmente la vivienda ha sido algo complicado y difícil, pero en los últimos años se ha desbordado. Es muy difícil acceder, muy difícil mantenerla, y lo estamos viendo en el día a día.
Hoy las personas para acceder a una vivienda lo tienen súper complicado. Las personas jóvenes lo tienen complicadísimo. Con un sueldo, imposible. Necesitas dos sueldos por lo menos para poder acceder a una vivienda y tener unos ingresos, unos ahorros o que te apoye la familia.
Entonces, el tema de la vivienda y el tema del empleo son dos elementos que condicionan mucho el proceso y el futuro de estas personas.
¿Qué dicen los datos sobre la situación social en Euskadi y Gipuzkoa?
Cáritas presentó en diciembre del año pasado el informe FOESSA de Euskadi, y creo que hablaba de un 88,7% de la población vasca en situación de integración. Es un buen nivel. Significa que, en términos generales, estamos más o menos bien integrados en nuestra sociedad y que no tenemos elementos significativos que nos sitúen en una situación de precariedad o exclusión.
Pero hay una cuestión importante relacionada con la integración. Se habla de integración plena, que sería la de aquellas personas a las que no les afecta ningún elemento de exclusión, y que representan algo más del 52% de la sociedad. Y luego hay un 34% en situación de integración precaria. Esa integración precaria es la que está aumentando.
Es decir, son personas que no están en situación de exclusión, pero cuya vida puede complicarse si aparece algún factor externo que la distorsione: la pérdida de empleo, un desahucio o cualquier otra circunstancia. No están excluidas, pero tienen una situación frágil.
Luego está la pobreza severa, que tiene mucho que ver con el perfil de las personas que se encuentran en esa situación. En el ámbito de la exclusión, la gran mayoría son personas inmigrantes. Prácticamente el 80% de las personas en situación de exclusión son personas migrantes.
Ha mencionado ese 34% de personas que están integradas en la sociedad, pero en una situación precaria. También ha hablado de madres con hijos. ¿Hay muchos niños y niñas en Gipuzkoa que crecen en familias que no están en una situación extrema, pero sí vulnerable?
Sí, es cierto. Hay muchos niños y niñas que viven en ese tipo de situaciones. Un porcentaje muy alto de las situaciones de vulnerabilidad y de exclusión se da en este tipo de familias, que en su gran mayoría están compuestas por mujeres o madres solas, aunque hay realidades diversas.
Eso significa que esos niños y niñas están viviendo y conociendo esa situación porque es la que tienen sus padres.
Hay que desarrollar políticas familiares y de infancia para atajar estas situaciones cuanto antes y tratar de cortar lo que se suele denominar la transmisión intergeneracional de la pobreza. No es bueno que los niños y niñas vivan situaciones de exclusión. Cuanto antes se pueda intervenir, mejor.
¿Cree que las instituciones atienden a estas realidades?
Hemos tenido un desarrollo de un sistema de protección social enorme en todo este tiempo. Tenemos una sanidad universal, una educación pública universal, un sistema de pensiones. Si te quedas sin trabajo, tienes paro. Hay pensiones contributivas, no contributivas, prestaciones por desempleo y por jubilación. Tenemos un sistema de garantía de ingresos mínimos, la RGI, el ingreso mínimo vital.
¿Dónde está la mayor necesidad y dónde está hoy una de las mayores vulnerabilidades? En el tema del sinhogarismo. Creo que el sinhogarismo es un tema serio que hay que plantearse a nivel institucional en general.
El sinhogarismo no lo va a poder solucionar el Ayuntamiento que tiene personas sin hogar en su calle; no lo va a poder solucionar la Diputación con los recursos, sistemas y programas que pone; no lo va a poder solucionar el Gobierno Vasco con sus programas. Tiene que ser un trabajo coordinado, transversal, a nivel institucional, donde haya un plan para atender el sinhogarismo.
Creo que hay que darle una vuelta muy seria al tema del sinhogarismo desde un punto de vista de coordinación interinstitucional, de manera transversal y a todos los niveles. No solamente desde Bienestar. Tiene que ser abordado desde Bienestar, desde Vivienda, desde Empleo. Interinstitucional e interdepartamental.
Tiene que haber una visión para trabajar de manera preventiva, lo primero, para evitar que esas personas estén en la calle. No es bueno que estén en la calle ni para ellas ni para nadie. Hay que trabajar de manera preventiva y tratar, desde luego, de dar una respuesta a todo ese colectivo.
¿Cómo viven ustedes la criminalización de los inmigrantes?
Quienes cometen infracciones o delitos son las personas, no los colectivos. No se puede atribuir a todo un colectivo, o a toda una realidad social, una situación de este tipo. Cuando una persona comete un delito o una infracción administrativa, debe aplicarse la ley. En eso no tenemos ninguna duda.
Pero también queremos poner en valor los esfuerzos enormes que hacen muchas personas que están en la calle. A veces existe la imagen de que están en la calle porque quieren, o de que están inactivas, y no es así. Hacen grandísimos esfuerzos para salir de esa situación.
Nosotros tenemos programas ocupacionales, prelaborales y formativos a los que acuden personas que han pasado la noche en la calle. Llegan después de dormir en la calle, desayunan y se ponen a realizar su actividad.
Solo el hecho de mantener la voluntad, la motivación y las ganas de participar en un programa después de haber pasado toda la noche en la calle, y de pasar buena parte del día también en la calle, demuestra claramente su intención y su deseo de salir de esa situación e integrarse en nuestra sociedad.
Por eso creo que es muy importante conocer esta realidad y estar bien informado. Hay que contrastar lo que se dice, lo que se escucha en algunos medios o en redes sociales, porque no todo responde a la realidad. Muchas personas hacen grandísimos esfuerzos por superar la situación en la que se encuentran.





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