La temporada del txotx 2026 ya está en marcha y lo hace con cifras que confirman el buen momento del sector sidrero. Las 46 sidrerías adscritas a la Denominación de Origen Sidra Vasca han producido este año 3,1 millones de litros de sidra utilizando 4,4 millones de kilos de manzana procedente de frutales locales, en una cosecha que, pese a la falta de frío invernal, ha sido considerada abundante y de alta calidad.
Los datos se han presentado en la Plaza de la Constitución de San Sebastián en un acto conjunto en el que han participado sidreros de Gipuzkoa, Bizkaia y Álava junto a representantes de Navarra y del País Vasco Norte. El sector está dando pasos reales para ampliar la Denominación de Origen a Iparralde y, una vez consolidado ese proceso, incorporar también a Navarra, con el objetivo de construir un espacio común de producción de manzana y sidra.
Aunque en algunas zonas se ha recogido alrededor de un 15 por ciento menos de manzana de lo previsto, los productores aseguran que la cantidad disponible ha permitido trabajar con normalidad en las bodegas. El resultado será una cosecha de sidras algo más ligeras que la del año pasado, con una graduación en torno al 6 por ciento, y una oferta especialmente amplia y variada. La presencia de sidras en distintos puntos de maduración y con perfiles diferentes es una de las señales más claras de que este ha sido un buen año de manzana.
En la actualidad existen unas 250 sidrerías en el conjunto del País Vasco, que suman 475 hectáreas de manzano. Lejos de estancarse, el sector está creciendo por la base: en los últimos años se han reconvertido 170 nuevas hectáreas en Gipuzkoa, algunas ya en producción y otras que empezarán a dar fruto en los próximos tres o cuatro años. La estrategia es clara: aumentar la autosuficiencia, garantizar manzana local y equilibrar a medio plazo la relación entre cosecha y elaboración.
El txotx sigue siendo el gran ritual social de la sidra, pero cada vez es también una puerta de entrada a un mundo más amplio. Las sidrerías se presentan como casas de productores, lugares donde la bebida se entiende como parte de una cultura y de una economía rural que quiere seguir viva. Por eso en los últimos años han ampliado su oferta con catas, visitas guiadas y actividades que permiten conocer desde dentro cómo se elabora y se vive la sidra.



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