San Sebastián, 29 may (EFE).- Las acusaciones particulares del caso de Lukas Aguirre, el joven que murió apuñalado en San Sebastián el día de Navidad de 2022, consideran que, aunque no existan pruebas directas de la agresión, sí hay suficiente material probatorio para condenar a los acusados, como sus confesiones «espontáneas» en comisaría el día de los hechos.
Este viernes se ha celebrado en la Audiencia de Gipuzkoa la última sesión del juicio por esta causa y el lunes el jurado recibirá el objeto del veredicto para que se pronuncie sobre la culpabilidad o no de los tres procesados: el presunto autor material de los navajazos, el considerado cooperador necesario y una mujer a la que se imputa un delito de encubrimiento.
Los dos primeros se enfrentan a peticiones de 22 años de cárcel por parte del fiscal y a 25 por parte de las acusaciones particulares que ejercen los padres de la víctima, mientras que para la procesada reclaman 3 años de prisión.
Los hechos ocurrieron en la plaza Okendo, donde se produjo un altercado sobre las 6.15 horas durante el cual Aguirre, de 24 años, recibió dos heridas de arma blanca y murió desangrado en el lugar.
«Salvado el déficit probatorio»
Tras la exposición de los informes este jueves por parte del Ministerio Público, hoy ha sido el turno de las defensas, así como de los letrados de las dos acusaciones particulares, el primero de los cuales ha asegurado que «se ha salvado el déficit probatorio» inicial -al no haber testigos directos de la agresión ni imágenes de las cámaras de la zona- por elementos como la zapatilla que el principal acusado supuestamente perdió y en la que había manchas de sangre.
Este abogado ha puesto de relieve, como parte del «patrimonio probatorio» acumulado, la manifestación «espontánea» que el principal procesado realizó ante un agente de la Ertzaintza, al que dijo que había apuñalado a la víctima porque se le había «ido la olla», y el hecho de que ratificara sus afirmaciones cuando ya se le habían leído sus derechos y prestó declaración en presencia de una letrada de oficio el mismo 25 de diciembre.
Ha destacado que estas declaraciones, ante el «propósito de que fueran anuladas» (por parte de la defensa), quedaron validadas por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que estableció que tenían «plena eficacia jurídica».
Otra de las cuestiones que entiende probadas es «la conducta pacífica» de Aguirre y la ausencia de lesiones de defensa en el cuerpo de la víctima, lo que corroboraría un ataque sorpresivo ante el que no pudo defenderse.
Por lo que respecta al segundo de los acusados, cree que también ha quedado «plenamente acreditado» por su declaración «espontánea» en comisaría que él era el propietario de la navaja, que se la entregó al presunto autor material y que era consciente del riesgo que ello entrañaba -dijo, entre otras cosas, que la navaja era suya e indicó en qué contenedor podían encontrarla-.
La otra abogada de la acusación particular se ha centrado en la mujer acusada, que este jueves aseguró que ella no presenció los hechos porque en ese momento estaba ya abandonando la plaza, y ha asegurado que diferentes pruebas acreditan que supo en todo momento lo que pasó, que las cámaras muestran cómo huyó con los acusados y que decidió encubrirlos.
«Con decir únicamente que un acusado había dado la navaja al otro, habría pasado a ser una testigo», ha remarcado.
Ambos letrados han señalado que el consumo de importantes cantidades de cocaína y alcohol por parte de los dos varones no significa que no supieran lo que hacían, máxime cuando eran consumidores habituales desde su adolescencia y su tolerancia a las drogas era mayor.
«Mucho ruido, pocas nueces»
El abogado del presunto autor material del crimen ha rechazado que se haya logrado «salvar el déficit probatorio». «Ha habido mucho ruido, pero pocas nueces, nada que desvirtúe la presunción de inocencia. Nadie ha visto nada. ¿Han oído ustedes que alguien haya visto el apuñalamiento de Lukas?», ha dicho este letrado al tribunal del jurado.
Ha recalcado que toda la sangre hallada en el lugar del suceso era de Lukas y que las imágenes de las cámaras de la plaza Okendo no muestran «buen rollo», sino «una situación de agresividad desde el comienzo» por parte del grupo que se enfrentó a los acusados que dio lugar a una primera pelea.
«Pero no sabemos lo que pasó en esa segunda pelea, todo son conjeturas», ha señalado, tras restar valor a la autoinculpación del acusado en comisaría porque fue obtenida por un ertzaina «politoxicómano» que, según el procesado, le hizo creer que iba a ayudarle (un policía condenado en febrero por un caso de cohecho y actualmente inhabilitado), por lo que en su opinión «no es desactivadora del déficit probatorio».
Ha indicado al jurado que, en el caso de que consideren la culpabilidad de su defendido, lo califiquen como homicidio y no un asesinato por parte de una persona que tenía sus capacidades disminuidas por el gran consumo de drogas y alcohol.
Esta tarde concluirá la vista con las intervenciones de los defensores de los otros dos procesados. Más sobre el tema, aquí.





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