Pasaia volvió este jueves a mirar al mar, aunque esta vez el mar se quedó dentro. La lluvia y el viento obligaron a cambiar el guion habitual de la inauguración del Pasaia Itsas Festibala, que no pudo arrancar con la entrada de las embarcaciones desde mar abierto por el estrecho canal del puerto. El desfile quedó reducido a las aguas interiores de la bahía, pero la cita conservó buena parte de su magnetismo.

A partir de las 18.00 horas, y con los paraguas abiertos en las orillas de San Pedro y San Juan, cientos de personas siguieron el paso lento de las embarcaciones tradicionales por la dársena. Fue una apertura menos espectacular que en ediciones anteriores, también menos multitudinaria, pero muy reconocible: barcos de madera, mástiles, lluvia sobre el agua y público aguantando en los muelles para dar la bienvenida a cuatro días de fiesta marítima.

La meteorología obligó a contener el despliegue. Los grandes veleros históricos, uno de los grandes atractivos del festival, permanecieron en su mayoría amarrados a los muelles pasaitarras por las condiciones del entorno y las limitaciones de espacio. Aun así, su sola presencia volvió a transformar el puerto. La fragata corsaria de tres mástiles Étoile du Roy y Le Recouvrance, réplica de un barco de la marina francesa del siglo XIX, fueron algunas de las siluetas más buscadas por el público.

Junto a ellas, el festival reúne embarcaciones de distintas procedencias y tipologías, como el Grayhound, corsario construido en Cornualles; el arenquero Morgenster, de 1919; o el Aita Mari, el antiguo atunero vasco reconvertido en barco de salvamento humanitario. Durante los próximos días, la programación permitirá acercarse a esta flota, visitar algunos barcos e incluso navegar en determinadas embarcaciones.

Uno de los nombres propios de esta edición será la réplica de la nao San Juan, construida en Albaola con técnicas de carpintería de ribera del siglo XVI. Botada el pasado mes de noviembre y ya con los mástiles instalados, podrá visitarse en el agua durante el festival. Su presencia tiene un peso especial en una edición que cuenta con Canadá como país invitado, ya que el pecio de la nao original fue hallado en 1978 en Red Bay.

Ese vínculo atlántico estará presente también en la programación cultural. Canadá acercará al festival la tradición marítima de los pueblos indígenas del actual territorio canadiense, con representantes de las Primeras Naciones y del pueblo Inuit. Los primeros mostrarán la construcción de canoas de corteza de abedul; los segundos, la de kayaks adaptados a las condiciones extremas del Ártico.

La música completará el ambiente festivo de los próximos días, con actuaciones como las de Pedro Pastor, Eskorzo, Amparanoia, Bele y Nakany Kanté. El arranque no fue el previsto, pero Pasaia volvió a hacer lo que mejor sabe hacer en esta cita: convertir su bahía en un puerto abierto a la historia, al patrimonio marítimo y a la fiesta. Más información, aquí // Programa completo, aquí.
















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