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Memoria

San Sebastián reivindica la memoria de Manuel Orcera, joven policía asesinado por ETA

Esta es la placa número 27 que se coloca en una calle como homenaje a víctimas del terrorismo

(EFE). Manuel Orcera de la Cruz, miembro de la Policía Armada, tenía 24 años cuando fue asesinado por ETA en San Sebastián en 1977. Este sábado ha sido homenajeado en un acto con el que el Ayuntamiento ha querido reparar también el sufrimiento de su familia, que abandonó la ciudad «entre insultos y abucheos, deprisa y corriendo» tras el funeral.

De ese doloroso momento, que se repitió aquellos años con otros miembros de la fuerzas de seguridad fallecidos en atentado, ha hablado para los periodistas su hijo Manuel, hijo póstumo de esta víctima del terrorismo del que su madre, Clara Campos, aún no sabía que estaba embarazada cuando mataron a su esposo.

Una placa colocada sobre la acera que da acceso a la estación ferroviaria de Amara recuerda desde hoy a Manuel Orcera en la capital guipuzcoana, en el lugar donde prestaba servicio cuando dos terroristas lo abatieron a tiros y donde hoy han acudido sus familiares para depositar rosas blancas en su memoria junto a miembros de la corporación municipal.

Manuel, su madre y su hermana Catalina, que tenía año y medio cuando su padre fue asesinado el 18 de mayo de hace 47 años, han viajado desde Úbeda, la localidad jienense donde nació Orcera y de donde procede toda la familia, acompañados por más de una decena de allegados para asistir a este homenaje, que ha comenzado con una recepción en el Ayuntamiento.

A esta reunión, a la que en otras ocasiones similares han asistido representantes de EH Bildu, no ha acudido ningún concejal de la coalición abertzale por petición expresa de la familia.

Esta es la placa número 27 que se coloca en una calle donostiarra. «Cada una tiene su significado, tiene su historia y esta tiene una historia muy dura», ha señalado el alcalde, que también ha hecho referencia a cómo tuvo que «salir corriendo» de la ciudad esa joven viuda embarazada tras la celebración del funeral por su marido en la catedral del Buen Pastor.

«Abandonar la ciudad y no volver. Es una historia durísima, como tantas otras. Con este tipo de iniciativas buscamos, precisamente, reparar eso en la medida de lo posible. Les he dicho, y es lo que siento, que me gustaría que ahora puedan tener un mejor recuerdo de nuestra ciudad, que no les trató nada bien cuando sufrieron lo que sufrieron», ha destacado el alcalde.

Su hijo Manuel ha afirmado que «reconforta» que el consistorio se haya acordado de ellos y haya rendido tributo a su padre con la colocación de esta placa.

Él, aunque no conoció a su padre, ha vivido también el dolor de una víctima del terrorismo, ha revivido la pérdida con cada atentado de ETA.

«La verdad es que es muy difícil, muy difícil. Cuando veía un atentado o un coche bomba en las noticias, sentía lo que esas familias podían estar sintiendo en esos momentos», ha asegurado.

Él y su madre solo habían visitado San Sebastián en una única ocasión, hace tres lustros en un viaje «exprés» para asistir a un acto en memoria de las víctimas del terrorismo en el centro Kursaal.

«Hoy nos hemos desplazado 16 familiares, una segunda generación incluida y casi la tercera también. La familia no ha querido faltar a la cita porque creíamos que había que estar presente en este acto»

«Es fundamental que se les diga a las nuevas generaciones lo que pasó en la historia reciente de nuestro país. Evidentemente nuestros familiares la han vivido y saben lo que hay de sobra, pero se puede preguntar a cualquier niño de cualquier ciudad por una víctima del terrorismo, por alguien que tenga más repercusión, como Miguel Ángel Blanco o Gregorio Ordóñez, y no saben quiénes son. Hace falta inculcar a la gente joven lo que lo que ha pasado la historia reciente en nuestro país», ha añadido.

La familia regresa a Úbeda tras este viaje y en San Sebastián queda la placa que mantiene viva la memoria de su familiar, oculta hoy tras las rosas blancas que también han depositado otras víctimas del terrorismo, entre ellas Ana Iribar, la viuda de Gregorio Ordóñez, en un día otoñal y lluvioso y de profunda emoción para todos los allegados de Manuel Orcera.


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