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Teatro en euskera: la mejor obra de Donostia en 2018, premiada ‘a título póstumo’

‘Sherezade y las capas de la cebolla’. Foto: Donostia Kultura.
18 Mar.19
Tiempo de lectura: 4 minutos
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'Sherezade eta tipularen azalak' (Vaivén Producciones) dejó de representarse en agosto: incluía surrealismo, lenguaje poético... no era comercial. Ana Pimenta, directora de la compañía, explica la paradoja y los riesgos constantes del mundo de la creación artística

La obra teatral Sherezade eta tipularen azalak, de Vaivén Producciones, ha sido anunciada recientemente como ganadora del XIX. Donostia Antzerki Saria. Es un galardón que se entrega a la mejor producción de teatro para adultos y en euskera estrenada en la ciudad a lo largo de 2018.

El premio se le entregará el próximo 27 de marzo en el Victoria Eugenia, y allí subirá a recogerlo la directora de la compañía, Ana Pimenta. Pero después, la obra que se representará no será la triunfadora, como era lógica costumbre, sino Zazpi Senideko (Axut!), la finalista de este galardón del Servicio de Euskera del Ayuntamiento y Donostia Kultura.

Hay una razón incontestable para esta aparente contradicción: Sherezade eta tipularen azalak ya no existe. Tuvo una vida sobre los escenarios que duró de enero a agosto de 2018, tanto en castellano como en euskera. Pero la ahora escogida como obra del año carecía de más citas apuntadas en la agenda, así que se disolvió.

“Sí que da pena”, le explica la propia Ana Pimenta a DonostiTik. “Por una parte, evidentemente es una muy buena noticia, es una alegría” por el “reconocimiento” que supone al trabajo bien hecho. “Pero a nosotros, por desgracia, nos llega un poco tarde, porque es un espectáculo cerrado”. Sus ocho meses en activos fueron una marca “considerable” para una obra de sus características, una función “especial” que manejaba lenguaje surrealista y muy poético, lo que “no siempre es comercial”.

Mientas estuvo representándose, Sherezade eta tipularen azalak (en castellano, Sherezade y las capas de la cebolla) experimentó una contradicción similar a esa que pueden sentir los políticos que reciben más aplausos que votos. “Mucha gente en Donostia comentaba que era lo mejor que habían visto en el año”, y  al premio se pueden remitir. A este aplauso se unían muchos programadores “a los que les encantó la propuesta; pero a otros, gustándoles, les daba miedo”, señala Pimenta, porque “no tenían claro” que funcionara una obra tan peculiar.

A veces se da la paradoja de que esos mismos programadores y sus cautelas “suponen más un freno”, describe la representante de Vaivén. Según su experiencia, cada vez que hubo una función de Sherezade , “el público salió encantado, porque era una manera diferente de contarles una historia, porque todo rezumaba un aroma distinto. Lo cierto es que hizo una gira importante en Euskal Herria, estuvo en muchas programaciones importantes, pero no hemos conseguido salir de casa”, como sí han logrado con otras de sus producciones.

Para cubrir parte del déficit
Y el gancho del galardón, ¿no podría ayudar a reflotar la obra? Pimenta es clara: “No”, porque es un premio más “de consumo interno, muy ligado al euskera”, y no cree que surgieran más funciones de las que ya hubo hasta agosto. En ese aspecto, “no tiene tanta repercusión, más allá del currículum”.

Ahora viene otro de los recovecos agridulces del mundo de la cultura. En primer lugar, la nota oficial habla de un premio de 12.000 euros para la obra, pero Pimenta matiza que en realidad es un 21% menos porque, para su sorpresa, hay que mandarle factura con IVA al Servicio de Euskera. Lo que llega realmente a la compañía no alcanza los 10.000 euros. “Sigue siendo maravilloso, y estamos felices de que se nos dé”, pero no es lo que se divulga.

Y, por otro lado, esa cantidad no son beneficios, sino que “nos ayuda a amortizar parte del déficit” que le ha quedado a la compañía. Por alta que sea una subvención pública que se consiga para poner en marcha una obra, “el espectáculo cuesta el doble”, calcula, y muy bien tiene que darse en taquilla como para llegar a cubrir gastos. “La gente no sabe dónde nos metemos los equipos para tratar de que los espectáculos salgan adelante”, y más cuando la propuesta no es tan convencional. Pero tampoco se quiere colgar medallas: “es la realidad del teatro”.

Apuesta arriesgada
Cuando lo comercial no es la prioridad, está claro, “los riesgos, a veces, se pagan; hacer teatro ya lo es de por sí, pero a veces tienes un plus”. Sin embargo, las compañías que buscan algo más aparte de hacer caja tienden a seguir intentándolo. Así lo hizo Vaivén con Sherezade eta tipularen azalak, porque supuso un giro a su forma más habitual de hacer las cosas.

En este caso, trajeron como director de la obra a José Carlos García, de la prestigiosa y portuguesa Companhia do Chapitô, especialista en un tipo de teatro más “físico”. No en vano “uno de los retos era mezclar dos atmósferas”: para Vaivén, “el texto siempre es fundamental, porque tenemos una visión de teatro como compromiso con la sociedad”, y en esta ocasión eso se mantenía, pero incluyendo la descrita carga física descrita. “Y quedamos contentos con los resultados”.

Por eso, la dirigente de la compañía recalca que quiere “destacar la magnífica labor de todo el equipo del espectáculo”, desde los actores y directores hasta los encargados de la original propuesta escenográfica y la iluminación. “Ha sido muy intenso para todo el equipo, y me siento orgullosa y feliz de que haya tenido el reconocimiento para todos”.

Antes de este premio donostiarra, “ya tuvimos una mención especial” en el festival Territorio Violeta de Alcalá de Henares, una plataforma por la igualdad en las artes escénicas. “Les pareció que nuestra obra trabajaba por la igualdad”, por el análisis que hace de “la coyuntura de la mujer en nuestros días, la condición femenina, el mundo de la pareja, el mundo laboral”, etcétera.

Autocompetencia
“Por suerte, estamos con varios proyectos”, responde Pimenta cuando le preguntan por Vaivén más allá del galardón. Uno de ellos es Argiaren hautsa, drama estrenado en noviembre y que va a estar todo el año de gira. Se trata de una obra en euskera sobre dos personajes contrapuestos que coinciden en una residencia de ancianos, “una historia muy emotiva, potente, hermosa”, y con un “reparto excepcional”.

Otra de las paradojas es que uno de los frenos de Argiaren hautsa es otra apuesta de Vaivén, la comedia Erlauntza (El Enjambre), que está “arrasando” de una manera que no alcanzaron a prever. En castellano y euskera, versa sobre seis mujeres que se juntan en una casa rural en el marco de una despedida de soltera, donde evidentemente surgen muchísimos más temas que el puro jolgorio. Por ejemplo, “anoche metió 460 personas en Markina, en Arrasate metió otras 800…”, cifras más que significativas. Y claro, los programadores tienden más a la de mayor tirón, con lo que el avance de su hermana más dramática es más “tímido”.

Por otro lado, recalca Pimenta, poner una obra sobre el escenario cuesta de año y medio a dos años de trabajo previo, desde preproducción artística hasta búsqueda de apoyos. En ese estadio se encuentra está su próxima idea, Yo, la peor del mundo, un musical previsto para febrero del año próximo. El casting de actores ya está hecho, y “voy a volver a actuar”, sonríe Pimenta, “cosa que me hace mucha ilusión”.

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